Un decreto ejecutivo firmado a yer por la presidenta de la República, Laura Chinchilla, y el ministro de Cultura y Juventud, Manuel Obregón, declara al baile popular denominado swing criollo “como una de las expresiones dancísticas del patrimonio cultural inmaterial de Costa Rica”.
Este es un ritmo con un sabor muy tico que se empezó a gestarse en la década de los 60 como resultado de la fusión entre el swing estadounidense y la cumbia colombiana. Ya para la década de los 70 era muy popular; sin embargo, era tildado de vulgar e inherente a la chusma, a tal punto que en algunos salones de baile había letreros que advertían claramente: “Se prohíbe bailar swing”. Cuarenta años después, un decreto ejecutivo considera, entre otras virtudes, que “dicha expresión dancística se desarrolló y adaptó al gusto general, hasta establecerse en casi todos los estratos de la sociedad costarricense”.
Ligia Torijano –bailarina, investigadora y promotora de este ritmo desde hace más de 25 años– tiene todas sus esperanzas en que el decreto sea el impulso para promover este baile fuera de nuestras fronteras. “Quisiéramos que Costa Rica promocionara el swing criollo, tal como Argentina promociona el tango. Nuestro país puede ofrecer este baile como un producto cultural de exportación, pero para eso se necesita financiamiento y toda una estrategia de difusión internacional”, opinó.
Para Torijano, uno de los principales puntos a favor del swing es el interés de las nuevas generaciones en mantener vivo este ritmo.
“Hay jóvenes, incluso niños, con gran pasión por el baile y están en proceso de aprendizaje. También se ha despertado un gran interés entre bailarines de danza, y eso ayuda a darle un carácter profesional”, agregó.