Natalia Díaz Zeledón. 10 octubre, 2017
Escuela. La colaboración entre Costa Rica y Cuba ha sido un proceso de aprendizaje para estudiantes de ambos países. Melissa Fernández.
Escuela. La colaboración entre Costa Rica y Cuba ha sido un proceso de aprendizaje para estudiantes de ambos países. Melissa Fernández.

El salón principal del Ballet Juvenil Costarricense tiene, en una de sus paredes, un afiche del segundo acto de El lago de los cisnes . Bailarinas europeas en tutú posan delicadamente y, frente a ellos, los protagonistas se aferran en un amoroso pas de deux (en español, un dúo de ballet ).

Bajo la fotografía y al ritmo orquestral de Chaikóvski, ensayan los cisnes del ballet que se estrenará en el Teatro Nacional el viernes 13 de octubre.

“¡Asústate! ¡Sorpréndete!”, grita la maestra cubana Martha Iris Fernández a la bailarina Gabriela Druyet, de 15 años.

Druyet y Fernández forman parte de la comitiva de la Escuela Nacional de Ballet de Cuba que llegó al país, la semana pasada, para terminar los últimos detalles del espectáculo.

Desde entonces, 17 bailarines cubanos y 82 ticos balancean sus rutinas entre un taller intensivo y ensayos que realizan todas las mañanas y todas las noches. En general, pasan la mayoría del día en la academia de Escazú.

En el salón del Ballet Juvenil Costarricense, los cuatro actos de El lago de los cisnes se repasan, una y otra vez Cuando los bailarines tienen suerte, el día acaba antes de las 10 p. m.

“El verdadero show está detrás de cortinas”, suspira la directora del Ballet Juvenil Costarricense Annia Rosales.

Esta es la primera vez que su academia organiza una versión completa de un ballet de tan grandes proporciones.

“Pedro Martín Boza –el otro director del Ballet Juvenil Costarricense– y bailamos El lago ... muchísimos años ”, cuenta Rosales. “Lo hemos montado en otras ocasiones. Eso nos ha ayudado a que todo fluyera. Conocemos muy bien la obra”.

El ballet se estrenó por primera vez en 1877 en Moscú, interpretada por el Teatro Bolshói. Después de 140 años, la historia es la misma: un amor truncado por el encantamiento de un brujo malvado que encanta a la princesa Odette para que se transforme en un bello y silencioso cisne blanco.

Es reconocido como una de las obras más hermosas de la danza clásica. La coreografía de Marius Petipa y la música de Piotr Chaikóvski son los únicos invariables de sus remontajes.

“Todo El lago de los cisnes es una versión de la coreografía de Petipa. Todo el mundo tiene la original de la original”, explica Fernández.

Tras casi cinco meses de montaje entre Cuba y Costa Rica, El lago de los cisnes tendrá cuatro funciones en el Teatro Nacional.

El estreno del viernes y la función del sábado 14 de octubre serán, ambas, a las 8 p. m. El domingo cerrarán con dos presentaciones del espectáculo: a las 11 a. m. y a las 5 p. m.

Según la localidad, las entradas cuestan entre ¢15.000 y ¢47.000 y se pueden comprar en el sitio www.eticket.cr

Las bailarinas cubanas Fabiana Pérez (el cisne negro) y Gabriela Druyet (cisne blanco) interpretan los roles protagonistas.
Las bailarinas cubanas Fabiana Pérez (el cisne negro) y Gabriela Druyet (cisne blanco) interpretan los roles protagonistas.

De Cuba a Costa Rica. Ni la distancia ni el mal tiempo han frenado el trabajo.

El viernes pasado, el elenco tico tenía una baja de 10 bailarines que faltaron a los ensayos por los estragos de la tormenta tropical Nate.

Rosales dijo que tres hermanas de Cartago pasaron la noche del miércoles en el carro de su mamá, después de que colapsó la carretera hacia su casa.

Esos bailarines retomarán los ensayos conforme sus familias recuperen la normalidad.

El entrenamiento del masivo elenco del ballet lo comparten cuatro profesores. Dos de ellos han estado con los 82 bailarines del cuerpo de baile tico –Rosales y Pedro Martín Boza– y los otros dos trabajaron en La Habana con los 17 bailarines principales –Martha Iris Fernández y Daniel Alejandro Sené–.

“Fue relativamente sencillo... organizarlo”, detalla Rosales sobre las audiciones de El lago de los cisnes.

Participan bailarines de 19 organizaciones diferente. Solo dos son instituciones públicas – la Escuela de Danza de la Universidad Nacional y el Conservatorio de Castella–.

“Se convocó a las audiciones en el grupo que correspondía cada bailarín por edad y experiencia. Se filmaron las audiciones, se mandaron a Cuba, las analizaron y los escogieron”, explica Rosales sobre la comunicación con la Escuela Nacional de Ballet de Cuba.

El vestuario fue diseñado por Carlos Alberto Amador, desde La Habana, y la profesora Annia Rosales, desde San José. MELISSA FERNÁNDEZ.
El vestuario fue diseñado por Carlos Alberto Amador, desde La Habana, y la profesora Annia Rosales, desde San José. MELISSA FERNÁNDEZ.

“Ha sido bueno y fácil porque cada uno ha tenido el trabajo realizado”, afirma Fernández.

Los bailarines cubanos están en nivel “preuniversitario”, dijo la profesora cubana. Tienen edades entre los 15 y 18 años. Por otro lado, los ticos tienen edades entre los 10 y 24 años. Tienen niveles variados de aprendizaje.

“Estuvimos muy en contacto para saber qué debíamos montar. Sabíamos que nos debíamos ajustar a la versión del Ballet Juvenil Costarricense. Lo que hemos hecho es montar el acoplamiento con el cuerpo de baile”, explica Fernández.

En Costa Rica ese cuerpo ha tenido alrededor de cuatro meses para sincronizar su movimiento. Tras afinar detalles en esta última semana, la prueba final será en el escenario.