Fernando Chaves Espinach. 6 marzo, 2016
BIG diseñó el Pabellón de la Galería Serpentine 2016.
BIG diseñó el Pabellón de la Galería Serpentine 2016.

El Pabellón de la Galería Serpentine, la última gran propuesta de BIG (Bjarke Ingels Group ) antes de su aparición en el Festival Internacional de Diseño 2016, ejemplifica bien el estilo de la firma. Parece una estructura imposible, pero será realizada en el verano; aunque sea cosa de sueños, será funcional (como espacio para arte de vanguardia, ya tradicional en el verano londinense). Es una fantasía, pero anclada en la realidad.

En entrevistas, el danés Bjarke Ingels, fácilmente uno de los arquitectos más reconocidos de hoy, ha descrito su propósito como “convertir sueños en espacios habitables”. “Una de las razones de ser de BIG es la desconexión que ves en el espectro tradicional de la arquitectura y el diseño: abarrotado en la periferia, con los cruces centrales casi completamente abandonados”, explica a Interior Design .

Es decir, BIG huye tanto de las “cajas” aburridas y estandarizadas como de la vanguardia incómoda e irrealizable. Quizás las fachadas rebosantes de texturas y complejos entramados confunden. En realidad, esta firma ha buscado un balance entre lo práctico y lo ideal: aquel sueño antiquísimo de hacer del mundo un lugar mejor, dice Ingels (quien trabajó con Rem Koolhaas).

Esta concepción abarca tanto proyectos en pequeña y mediana escala como grandes emprendimientos (de los cuales el mayor ha sido 200 Greenwich Street, conocido como el Two World Trade Center, cuya construcción está en pausa ).

“Conforme evoluciona la vida, nuestros edificios y ciudades deberían de evolucionar también, para que tengamos un marco físico adaptado a nuestros estilos de vida ideales, en vez de vernos forzados a vivir en formas impuestas por anticuadas estructuras del pasado”, explica Ingels a Archi-Ninja .

La meta, dice el arquitecto de apenas 41 años, es “maximizar el potencial de desarrollo al máximo de la vida humana”. Por ello, es frecuente la incorporación de ideas de desarrollo sostenible y una compenetración con el entorno; aunque muchos proyectos urbanos se ubican en espacios de densa ocupación, sus edificios proponen abrir espacios “habitables” y maximizar su uso (o su reutilización, en el caso de espacios industriales vacíos).

Tamaña tarea requiere el acercamiento de distintas disciplinas que busca el danés. En la práctica, esa apertura ha favorecido su popularidad fuera del ámbito de la arquitectura, como en su manifiesto-cómic Yes Is More . Divertido y diáfano, explora esa dura tarea de buscar soluciones prácticas a través de indagación artística.

Muchos proyectos siguen sin construirse: tal es la condena de la arquitectura, la más cara de las artes y la que menos predecible resulta ser: bloques de oficinas que se abren a parques, jardines que atraviesan edificios...

“Todos parecen y suenan utópicos en sus ambiciones, o una combinación radical de elementos aparentemente incompatibles, pero una vez que se realizan, forman una parte integrada con nuestras vidas cotidianas”, argumenta Ingels. ¿“Utópico pragmático”? Quizás; de todos modos, para nuestro deleite, soñador.