
Guardando, desde luego, las distancias, la religión (y muy especialmente la religión cristiana, ligada siempre con los pueblos hispanohablantes) y el idioma son dos fenómenos sociales y, como tales, han mantenido un importante influjo mutuo a lo largo del tiempo.
Siempre dentro de una tradición cristiana multisecular en las comunidades hispanohablantes, se han ido formando y utilizando una gran cantidad de palabras, frases y expresiones idiomáticas con base en conceptos y términos religiosos.
Del vocablo Dios, por ejemplo, se ha formado la expresión interjectiva ¡a Dios! (convertida normalmente en una sola palabra: adiós) usada para despedirse (Adiós, amigo –también, anda con Dios o vete con Dios–), para denotar que no es ya posible evitar un daño (¡Adiós, lo que se nos viene encima!) y para expresar decepción (¡Adiós, ya he perdido las llaves!).
De ella explica el Panhispánico (2005): adiós. Interjección que se emplea como fórmula de despedida y que también puede expresar decepción, sorpresa, incredulidad o la irreparabilidad de un daño. Debe evitarse, por anticuada, la grafía a Dios. Puede usarse como sustantivo y, en ese caso, su plural es adioses: “No quise despedidas ni adioses” (Aldecoa Mujeres [Esp. 1994]).
Se dice que alguien está actuando a la buena de Dios cuando realiza su tarea sin preparación, al azar, salga como salga.
Amanecerá Dios, y medraremos es una frase idiomática muy antigua (podemos oírla en boca de don Quijote de la Mancha) utilizada para indicar que el tiempo puede cambiar favorablemente las cosas.
¡Bendito sea Dios!, locución interjectiva empleada para denotar enfado, y también conformidad en un contratiempo.
Como Dios da a entender a alguien significa como buenamente se puede.
De menos nos hizo Dios explica la esperanza que se tiene de conseguir lo que se intenta, aunque parezca desproporcionado.
Dios dirá remite a la voluntad de Dios el éxito de lo que nos prometemos. Dios mediante o si Dios quiere es casi una condición obligada para quien expone una decisión o proyecto.
¡Dios mío!: locución interjectiva para significar admiración, extrañeza, dolor o sobresalto. [El equivalente inglés o my God! parece haber alcanzado, entre algunos hispanohablantes, un alto nivel de uso injustificado].
Dios nos asista, o… nos la depare buena, o... nos coja confesados, o... nos tenga de su mano indican el deseo de la intervención divina para evitar un mal inminente y, al parecer, inevitable.
Hacer algo como Dios manda es hacerlo bien, con exactitud y acierto. Se hace algo sin encomendarse a Dios ni al diablo cuando se actúa con intrepidez y falta de reflexión.
¡Válgame Dios!: locución interjectiva que manifiesta con cierta moderación el disgusto o sorpresa que nos produce algo.
¡Vaya por Dios! expresa una paciente aceptación de un infortunio.
A Dios rogando, y con el mazo dando: refrán castizo que afirma, pragmáticamente, la inutilidad de la plegaria si no va acompañada del esfuerzo personal.
fdiez@nacion.com