
Entre las enramadas del bosque, una pájara de plumaje rojo, dulce canto y actitud arrogante se integra, con cierta dificultad, a su nuevo y bullicioso vecindario. El nacimiento simultáneo de su polluelo y los de otras aves revoluciona el equilibrio de la vida comunal. La necesidad de convivir en paz y el respeto de las diferencias se vuelven desafíos prioritarios que asumirán los recién nacidos.
Silbidos en el bosque es un espectáculo de títeres orientado al público familiar y parcialmente accesible para personas sordas, ya que su historia se desarrolla a partir de acciones sin diálogos. Las obvias similitudes con sucesos cotidianos de la gente lo transforman en metáfora de diversos conflictos sociales y, al mismo tiempo, en una propuesta que busca soluciones fundamentadas en valores positivos.
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La plástica y el sonido representan las mayores fortalezas de la obra. La escenografía, elaborada con materiales orgánicos, aporta color y múltiples destinos para el desplazamiento aéreo de los personajes, aunque las acciones principales ocurren, en su mayoría, sobre el módulo central. El espacio, en combinación con el diseño de luces, se llena de vitalidad y seduce la mirada del público.
La banda sonora también acierta en los oportunos temas incidentales y las canciones interpretadas por la artista Elena Zúñiga. En general, el sonido refuerza los estados emocionales de los personajes, subraya el carácter cómico o conflictivo de las escenas y se funde con el canto de las aves para crear pausas, transiciones o breves paréntesis que nos sumergen en los detalles de ese universo fantástico.
El equipo de manipuladores trabaja al descubierto a fin de que sus gestos constituyan la “personalidad” de sus respectivos títeres. Esta fusión expande las posibilidades expresivas de los muñecos y permite apreciar una técnica poco frecuente en nuestro medio escénico. A la usanza de las fábulas de Esopo, el temperamento “humanizado” de las aves facilita una lectura moral de su conducta.
Dennis Quirós se destaca por la energía que imprime a sus intervenciones. Su trabajo vocal es tan convincente que es imposible apartar la vista del actor y del lorito a su cargo. La simbiosis que logra con su muñeco le deja aprovechar cada instante para improvisar salidas humorísticas, involucrar a la audiencia o intercambiar guiños cómplices con sus compañeros Kyle Boza y Kembly Aguilar.
El montaje evidencia debilidades en una dramaturgia que no desarrolla, con claridad, las relaciones de causa y efecto de algunas escenas. Esto provoca la incertidumbre de un público que termina por perderse ante muchos estímulos carentes de amarre narrativo. A pesar de su esfuerzo, el elenco no pudo corregir esos baches de sentido que le quitaron ritmo e intensidad a la propuesta.
Silbidos en el bosque tiene margen de afinarse para garantizar una adecuada comunicación de su valiosa temática. Por lo demás, es un espectáculo producido y ejecutado con esmero, tal y como acostumbra hacerlo el equipo de Compañía La Bicicleta. En última instancia, lo más hermoso de estas aves –tan parecidas en sus diferencias– es que nos recuerdan que el respeto siempre descansa en la base de una vida en paz.
FICHA ARTÍSTICA
Dirección y dramaturgia: Kembly Aguilar
Actuación y manipulación de títeres: Kembly Aguilar, Kyle Boza, Dennis Quirós
Composición musical, arreglos y diseño sonoro: Jonatan Albuja
Intérpretes musicales: Jonatan Albuja, Marcelo Albuja, Elena Zúñiga
Plástica escénica: Mariela Richmond
Diseño de iluminación: Rafa Ávalos
Diseño gráfico e ilustración: María Zúñiga
Registro audiovisual: Tiempo Líquido
Fotografía: Juan Calivá
Producción: Cía. La Bicicleta
Espacio: Teatro Auditorio Casa Nega
Fecha: 3 de noviembre del 2019
Obra ganadora del Fondo Proartes