
En lo personal, me parece que hay cierta ambivalencia, cuando no redundancia, en el concepto de “teatro de búsqueda” o “teatro experimental” para denotar las tendencias escénicas que se proclaman de vanguardia. Para mí, la búsqueda y la experimentación son condiciones esenciales de cualquier propuesta dramática seria, hasta la más convencional.
De hecho, el proceso de ensayo de un montaje teatral, si se lleva a cabo de acuerdo con principios artístico-dramáticos reconocidos, es tanto búsqueda como prueba.
Solo que al público no se le muestra el proceso sino el resultado, es decir, la verdad estética que se encontró y comprobó mediante el ensayo. Si es que se encontró algo, claro está, porque en el teatro no todo el que busca encuentra.
Cavilaciones. Si participo al lector de estas cavilaciones y las que siguen, es porque quiero explicarme en voz alta qué hallazgo se me mostró y qué verdad encontré en la puesta en escena de Maiden in C. R. (Virgen en Costa Rica), coproducción italo-costarricense, estrenada por la Compagnia Divano Occidentale Orientale, el miércoles 21, en el marco del FIA 2012, en la pequeña sala del Taller Nacional de Teatro, llena para la ocasión.
Pistas. Tengo el convencimiento de que todo arte implica un significado; es lo que podemos considerar el aspecto racional de las artes. Sin embargo, el sentido trascendental de un propósito artístico puede hacerse manifiesto por medios que no son racionales sino intuitivos o emocionales, alusivos o simbólicos.
Repito estas perogrulladas, porque me esfuerzo por aclararme la significación del espectáculo de la Compagnia Divano Occidentale Orientale.
Acaso una primera pista podría ser el nombre de la agrupación. En la literatura árabe, persa y turca, diván es una antología poética y Diván occidental-oriental es el título de la colección de poesías publicada por Goethe durante el primer cuarto del siglo XIX.
La poesía oriental que influenció a Goethe se inspiraba de la simbología místico-erótica del sufismo persa, pero, si bien los desnudos y la sexualidad ritual de Maiden in C. R. transmitieron sobrada y explícita carga erótica, no podría decirse que ilustraran alguna doctrina mística.
De modo que esa pista no conduce a nada. Al parecer, no más se trata de la apropiación antojadiza de un título famoso en las culturas de Oriente y Occidente.
Trama. Tampoco la banal trama me proporcionó mayores indicios: Greta (Paula Sancho) sueña con ser soldado, pero, en un país sin ejército, debe conformarse con ingresar a la Guardia Civil. A escondidas, se presenta ante Ramón (Alberto Martínez), el jefe de la policía, quien se muestra comprensivo, a la espera de la primera oportunidad para violar a la joven ingenua.
Aunque a veces era más comprensible en la redacción del programa de mano que en la acción escénica y los parlamentos, entre Greta y Ramón se establece entonces una especie de relación de dominio-sumisión, de connotaciones sádicas y masoquistas que, en el cuadro final de la serpiente y el ratoncito, dan a entender que prevalece quien sea más débil. ¿Todo lo acontecido para rematar en un chiste visual como conclusión? Me sentí defraudado.
Forma y contenido. Según la dramaturgia y dirección de Giuseppe Leonardo Bonifati, en el montaje sentí una preponderancia desproporcionada de la forma sobre el contenido.
No obstante, el escenario vacío creó un entorno sugerente, iluminado por una fuente única de luz que colgaba de una cuerda y asumía diferentes hechuras y que los personajes manipulaban de modos llamativos.
Asimismo, pese a la muy débil proyección vocal de la señorita Sancho, que dificultó la comprensión de muchas de sus locuciones, los desplazamientos y la expresividad corporal de ambos actores mantuvieron el interés visual y cinético durante la hora de duración del espectáculo.
Sin embargo, el significado esencial de Maiden in C. R. (Virgen en Costa Rica) permaneció para mí opaco y anodino, aunque, a juzgar por los aplausos cálidos al final, quizás el público percibió más que el crítico.