
Para la segunda presentación del año, el miércoles 23, en el teatro Melico Salazar, la Orquesta de Cámara de la Universidad de Costa Rica (OC-UCR), bajo la batuta de su director titular, maestro Luis Diego Herra, no solo confirmó sino que superó los avances en la calidad de su rendimiento que advertí en el primer concierto de la Temporada 2010 a principios de abril.
Aumentada la dotación de atriles en esta oportunidad a proporciones de una orquesta sinfónica, la mayor lisura y cuerpo de las cuerdas y la respuesta pronta de maderas y cornos fueron patentes en la obra inicial, la primera de las tres suites de
Pero el mayor reto, superado con prestancia y esmero, se presentó después del intermedio en la obra final, mediante la lectura noble y augusta forjada por Herra y la OC-UCR de la
En la obra, el director y las secciones de cuerdas, maderas, metales y percusión guardaron un equilibrio orquestal escrupuloso y produjeron una sonoridad pulida, diáfana y potente; las frases se oyeron torneadas con sensibilidad y delicadeza; la respuesta rítmica se mantuvo pronta e impetuosa.
Antes del descanso, el violinista Guido Calvo, concertino del conjunto, tuvo una participación destacada como solista en la
Aunque la
El concierto también fue ocasión para el estreno absoluto de
Sin embargo, a juzgar por los aplausos prolongados, el público recibió una impresión por completo contraria a la mía.
No obstante, los aplausos asimismo atestiguaron que el resto del auditorio y este oyente coincidimos en la valoración de las demás obras y las interpretaciones del director Luis Diego Herra y la Orquesta de Cámara de la Universidad de Costa Rica.
Un par de observaciones al margen: me parece que podría convenir al maestro Herra y la orquesta adoptar el formato de programación ahora puesto en práctica por muchos conjuntos: un máximo de tres obras con una duración total no mayor de 80 minutos, de preferencia sin intermedio.
Merece mencionar por igual que el sencillo programa de mano traía información muy completa sobre las obras.