Cantos y flores es un trabajo de la coreógrafa y bailarina independiente Milena Rodríguez, fundadora de Rosaval Gaspar Projects, cuyo antecedente es Cantos inconclusos, que fue estrenado en Ecuador en 2013. Para la escenificación en Costa Rica, Rodríguez recibió el apoyo del programa Proartes y, para su interpretación, invitó a las bailarinas costarricenses Inés Aubert, Lucía Rivera, Lina Valverde y Ana López, así como a la ecuatoriana Synnove Urgilez.
Internacional. En Cantos y flores hay talento artístico de ecuatorianos y costarricenses. Marcela Bertozzi. (Marcela_Bertozzi)
Esta puesta en escena de la coreografía, de más de 60 minutos de duración, fue construida a partir de la partitura del compositor ecuatoriano Marcelo Villacís, y ejecutada en vivo por Nelson Ramírez al piano, quien realizó los arreglos musicales; Nacho Orozco en la percusión y Montserrat Parés como cantante.
En Cantos y flores, Rodríguez se enfrenta al tema la muerte, lo plantea como eje central de la obra y lo desarrolla en siete episodios, en los cuales se ven muchas reacciones humanas, algunas emociones y rituales sociales.
Las imágenes coreográficas evocan situaciones de dolor, reflexión por la pérdida de una persona cercana y evidencian la fragilidad de la vida. De igual manera, este trabajo tiene momentos en los que aparece el goce de dejar ir a un ser querido.
La propuesta es más solemne que tétrica y hasta tiene instantes lúdicos.
Debo destacar, el nivel de los músicos, pues su actuación permitió apreciar plenamente la partitura musical, especialmente disfruté las tonalidades alcanzadas por la voz de Montse Parés.
El vestuario contó con el diseño de Etérea, que resolvió un traje estilo contemporáneo y casual que no le aportó volumen al movimiento; tampoco el motivo de las flores en los pantalones ayudó mucho, pues el escenario estaba lleno de estas como elemento escenográfico.
Mas el diseño de las luces de Nereo Salazar sí le resultó fundamental al generar múltiples contrastes, que contribuyeron a las atmósferas necesarias para cada episodio.
En la estructura compositiva, Rodríguez combinó segmentos grupales con dúos y tríos llenos de movimientos ondulados y mayoritariamente personalizados, con resoluciones desde la danza de contacto, en las que el uso el piso prevalece.
Estas construcciones de movimiento fueron alternadas con algunas transiciones en las que la música en vivo asumió el protagonismo.
Acerca del ritmo, la obra puede ser revisada ya que el último grupal unísono se vuelve reiterativo; una síntesis a este segmento podría mejorar la dinámica general de la obra.
En la interpretación, principalmente disfruté las cualidades de movimiento de Lucía Rivera y de la autora, secundadas por Lina Valverde e Inés Aubert. Ana López logra movimientos interesantes, pero debe procurar trazos más limpios y Synnove Urgilez puede proyectar más para ganar presencia escénica.
Si todavía no vieron esta producción coreográfica en la que la música, el movimiento y la plástica escénica dialogan constantemente, el jueves 18 y el viernes 19 se presentará en el Centro Cultural Omar Dengo, que está ubicado al costado noroeste del parque Central de Heredia. Las funciones serán a las 7 p. m.
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