
El Certamen La Semilla, cuyo objetivo es propiciar creaciones de danza que se puedan bailar en espacios pequeños, sin elementos escenográficos para poder usar cualquier escenario alternativo en un corto tiempo, presentó una selección de su segunda convocatoria, en el Teatro Vargas Calvo (detrás del Teatro Nacional). Este es un lugar ideal para observar dichas propuestas, ya que permite que los espectadores estemos casi sintiendo la respiración de los intérpretes.
Esta iniciativa es impulsada por el coreógrafo y bailarín Pablo Caravaca, quien busca de alianzas para apoyar a nuevos creadores del sector independiente. La presente temporada, denominada La Semilla a la carta, nos permitió ver ocho piezas cortas, cuyo premio es la programación en diferentes actividades del gremio dancístico durante el 2018.
LEA MÁS: Certamen La Semilla convoca a bailarines que quieran moverse en espacios pequeños
Lo que me cautivó de este menú fue OKE, de Mónica Sánchez, un cuarteto sin mucha pretensión temática pero bien bailado. También me gustó el solo Fortitudo, de Eileen Ramírez, sobretodo por su interpretación, en la cual Erick Rodríguez atrapa la atención gracias a su manejo corporal y a las cualidades de movimiento, proyección e intensidad alcanzada. También fue atractiva Sujeto y aparte, de William Retana y Juan Leiva.
De este muestra quedan muchos aspectos que se deben mejorar; en general, se requiere de mayor proyección en la interpretación, sobre todo porque en un espacio en el que el público está completamente alrededor, tan cerca, los artistas deben adecuar su presentación, aunque sea dar alguna mirada a quienes están de lado.
Fundamentalmente, falta mayor investigación en la construcción de la obra, pues que sea corta y de dimensiones reducidas no significa que sea simple; más bien esta es la oportunidad de llegar a la esencia y no quedarse en la superficie.
Se debe trabajar en la forma para generar contenido y que el público quede con ganas de volver a ver danza. Además, el programa de mano no da el crédito de la música.
Esta presentación me hace reflexionar sobre un aspecto que he venido percibiendo desde hace tiempo en la escena costarricense: observo poca investigación en la búsqueda de un lenguaje propio; todo se parece.
Ya casi nada me cautiva o sorprende, especialmente porque muchas de las propuestas no se diferencian de lo que podemos ver diariamente en Facebook o cualquier otro recurso de Internet y las redes sociales. La misma música que está de moda y escuchamos en Spotify es la que casi todos usan.
No se nota un afán de investigación ya que lo que se baila en Costa Rica es igual a lo que se programa en España, Israel, Alemania o Australia.
Parece que la globalización está atentando contra la creatividad. Ahora que tantas personas se dedican a la danza y están interesadas en crear por medio del movimiento, vemos muy poco público en los teatros o espacios alternos en los que se baila. Tal vez porque casi todo se puede ver cómodamente desde un celular, tableta o una computadora.
¿Qué pasará cuando Netflix programe danza y usted pueda ver todo a la carta? Probablemente, ya ni saldremos de nuestras casas para ver espectáculos.
En fin, las nuevas generaciones tienen un gran reto; les deseo energía, tenacidad y buena suerte.
La Semilla a la carta
Certamen de Danza en microespacio
Coreógrafos: Izadora Scorza, Alejandro Olarte, William Retana, Juan Leiva, Mónica Sánchez, Andrés Martínez, Eileen Ramírez, Ana López
Fecha: jueves 28 de junio de 2018, 8 p. m.
Lugar: Teatro Vargas Calvo