Para la temporada de 2015, el proyecto académico de la Escuela de Danza de la Universidad Nacional, UNA Danza Joven, armó un espectáculo con dos propuestas: el estreno de Estefanía Dondi, EgóRitus y la reposición de la obra de Mario Blanco, Testigo Jaguar (tu insurrección solitaria), ambas interpretadas por un elenco numeroso. Este espacio le permite a los creadores y a los bailarines crecer escénicamente.
El programa de la noche dio inicio con el trabajo de Blanco, el cual ya lo había comentado en la temporada 2014. De esta puesta en escena, cabe señalar que el elenco se ve más empoderado en los movimientos y en su interpretación. Sin embargo, el coreógrafo debe cuidar siempre cuando enfrenta a los bailarines a utilizar la voz en escena y no dominan la proyección de la misma; esto se sintió, especialmente, en la segunda intervención.
Como segunda parte, vimos EgóRitus , un trabajo en el que la joven coreógrafa se inspiró en los eventos donde se da una participación masiva, ya sean ritos, ceremonias o encuentros culturales; esas situaciones en las cuales el colectivo es el protagonista.
Por primera vez, Estefanía Dondi desarrolla un tema con casi 30 bailarines, pues anteriormente le he visto obras como solista. En su nueva propuesta, ha privilegiado la línea supeditada a las partituras musicales de Schubert, Mozart y Offenbach.
Con esta obra no intenta contar una historia, sino generar sensaciones o evocar estados de ánimo. Para esto, enfrenta al elenco a crear sentido mediante la forma y la pureza del movimiento. Explota la fuerza del colectivo, lo cual es evidente en la primera escena, en la que, de manera efectiva, cada intérprete en silencio ingresa al escenario llenando el espacio con su energía.
Dondi en su composición trabajó con grandes grupos y este es su gran desafío, pues no todos bailarines lograron ejecutar sus diseños con exactitud y limpieza. Tampoco dominaron la corrida, fuerte componente de su lenguaje, elemento tan natural pero difícil de lograr para los bailarines. El haber dado espacio a pequeñas formaciones, como solos o dúos, le hubiera permitido tener menos tensión hacia la exactitud de los unísonos poco logrados.
Para EgóRitus , la luz y el vestuario son elementos fundamentales en el discurso que la autora propone. EgóRitus no posee escenografía porque la multitud de cuerpos llena el escenario junto a la versátil y colorida vestimenta que realizó Michelle Canales, la cual le proporcionó texturas y contrastes creando, en algunos momentos, bellas escenas de corte barroco.
En este montaje urge cuidar la sincronía, aspecto deficiente en la mayoría de las agrupaciones nacionales profesionales y estudiantiles. Esto lo deben observar con rigurosidad los maestros de técnica y cultivarlo desde el salón de clase para beneficio de todos los coreógrafos de Costa Rica y público seguidor de la danza.
Para las dos obras de la noche, Álvaro Piedra, como diseñador de iluminación, supo dar un valioso aporte a las propuestas en movimiento.