
Una ventaja de un proyecto como Inquieta Imagen es que tiene el derecho, con su nombre y origen, de renovarse a su gusto. Desde que se celebra el concurso de creación en medios audiovisuales y digitales, visitar su muestra ha sido oportunidad para preguntarse qué es y qué podría ser. Es su hiperactiva naturaleza.
El Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC) exhibe –hasta febrero– la selección de más de 30 obras que conforman ii_15 , nueva edición de un concurso centroamericano y caribeño organizado desde el 2002.
Una vez más, la muestra ofrece una ventana a obras de videoarte, arte digital, fotografía, animación, proyecciones, videoinstalaciones y otras piezas realizadas con lo que otrora llamábamos “nuevos medios”. Hoy, cuando estas tecnologías inundan lo cotidiano, ¿qué es “nuevo”?
Giro. Al inicio, el Concurso Centroamericano de Video aspiraba a brindar una plataforma e incentivar la investigación de “nuevos medios”. “En esa época, eran el video y la transición hacia lo digital. Evidentemente, en 14 años esto ha mutado mucho y si hablás solo de fotografía y video digital, te quedás corto”, dice Fiorella Resenterra, directora del museo.
‘Se nota que hay una familiaridad con el lenguaje. Una de las cosas que ha planteado muy bien Inquieta Imagen es que es un laboratorio que permite esa experimentación de una manera más libre pero que, a la vez, tras siete ediciones, está más consolidada y los artistas se sienten más cómodos con la propuesta. Estos nuevos medios son parte del contenido de la obra. La decisión de escoger cuál es el lenguaje que estoy usando es parte del contenido y de la propuesta’, agregó.

Desde ediciones previas, el concurso ha cambiado para absorber otras formas de expresión. Con mayor frecuencia, se ha hecho urgente cuestionar el concepto de imagen; hoy, por la presión de un gremio artístico más afinado en lo audiovisual, cabe preguntarse cuál es la pertinencia del certamen, y cuál puede ser la forma futura de la plataforma.
“Inicialmente, había una gran confusión o una fusión importante de lenguajes que no necesariamente representaban lo que entendemos por videoarte. Ahora, las líneas de trabajo son mucho más claras”, opina Jurgen Ureña, parte del jurado (con Pablo José Ramírez y Eduardo Abaroa).
Cuando nació Inquieta Imagen, según se ha escrito , el video-arte no existía en Centroamérica. Existía, se practicaba, pero de forma aislada, con experimentos esporádicos y variadas vinculaciones entre quienes experimentaban con este lenguaje en la región. Trabajar con video era caro; difundirlo, casi imposible.
Desde entonces, los avances tecnológicos han impulsado una democratización del video, cuyo potencial radical sigue en plena ebullición. Los artistas tienen a mano recursos de una sofisticación inimaginable una década atrás, y las barreras para la distribución audiovisual se difuminan más con cada innovación digital.
¿Responde la mayoría de las obras exhibidas del concurso a esta multiplicidad de medios (que también están en manos de los espectadores)? Si en otra época la carencia de medios era el obstáculo principal , hoy pareciera ser la capacidad de respuesta (reflexiva) al ritmo vertiginoso de estos lenguajes audiovisuales.
Por ejemplo, la interactividad, experiencia sensorial que define nuestra era, está curiosamente ausente en casi todas las piezas. ¿Existirán los espacios de formación y experimentación suficientes? ¿Podrían proveerlos Inquieta Imagen o el MADC?
La presente edición refleja el acceso a más herramientas y también a que artistas de otras disciplinas asumen con mayor naturalidad el lenguaje del video (incluso de formas sofisticadas). En su madurez, Inquieta Imagen parece llegar a una encrucijada.
“Creo que es un buen momento para hacer una especie de balance y para hacerse las preguntas de fondo sobre la pertinencia del concurso. Es algo que podría hacerse a partir de un espacio de reflexión, con la posibilidad de contar con personas que han participado en el proceso de origen y otras figuras”, considera Ureña.
Quizá haya que pensar lo audiovisual como un paisaje siempre borroso, de todos modos. Uno camina hacia el azul de las montañas sabiendo que lo irá perdiendo de vista conforme se acerque. La imagen audiovisual, entre más tratamos de aprehenderla, más se nos escurre entre las manos. Si es inquieta, que lo sea para suerte nuestra.
Sobre las obras. La ganadora del concurso, Stephanie Williams, comprende bien el entramado del poder que subyace a las imágenes.
Su pieza ganadora es una de las más estimulantes de la muestra. Imagen y semejanza consiste en un libro elaborado con pictogramas ideados por la artista, inspirada en los precolombinos, que narran una historia de poder y lenguaje ellos mismos. Mientras se ven los pictogramas, con su definición en alfabeto fonético, se escucha una historia de poder, construcción de realidades y cambios históricos.
De forma similar, su Lienzo del lugar en el medio reimagina la historia de Centroamérica. A través de su trabajo, nutrido por la recolección de archivos generados en el proceso colonial, Williams, pone a dialogar esa historia ficticia con la real, la historia y su representación.
“Me interesa el lenguaje, cómo procesamos la información y cómo construimos la historia a partir de esos mecanismos que vienen desde la colonia”, explica la artista –cuya investigación ha explorado la consolidación del Estado en la modernidad, extensión de cierto sesgo colonial, para ella–.
Además, se otorgó una mención honorífica al también tico Marton Robinson por su trabajo Fucking Stereotypes. Robinson muestra además Bro Two Shoe. Ambas piezas examinan simbolismos y representaciones de la figura del negro en la cultura popular, jugando con proyecciones simultáneas y la contrastación de figuras y acciones –el personaje de Mammy Two Shoes de Tom & Jerry y un deportista, ambos vistos solo de la cintura hacia abajo, negando su individualidad–.

Otra mención fue para el nicaragüense Ricardo Miranda, por su video Bolívar en guerra, un estimulante video que combina la figura histórica de Simón Bolívar con imágenes de videojuegos en una animación tan bien realizada como poderosa.
La amplia diversidad de temas explorados en las obras invita a un recorrido pausado; si bien pueden trazarse algunas interrelaciones entre las piezas, la especificidad de las aproximaciones a la creación exigen pausada atención. Obras como las de Darién Montañez (Dark Side of the Moon), ácido contraste de imágenes idílicas de Panamá, resultan inmediatamente sugerentes. Otras, como el Malecón Surf, de Ronald Reyes, premian la inmersión y la paciencia.
Resulta enriquecedor, además, comparar los diferentes acercamientos y cuestionamientos del fenómeno audiovisual y la imagen en sí. Como apuntó el jurado en sus lineamientos: "Estos criterios deben ser fragmentarios y pensados a partir de la tensión entre lo específico y lo global. Entendemos que un artista hondureño de Tegucigalpa, uno guatemalteco de Comalapa o un costarricense de Heredia piensan y producen en temporalidades y espacios diferenciados".
Quizás, al final de la historia, uno de los mayores aportes de Inquieta Imagen haya sido poner en diálogo estas distintas formas de pensamiento.
La exposición del concurso Inquieta Imagen 2015 se puede apreciar en las salas 1 y 2 del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo. Estará hasta mediados de febrero. También se exhiben ‘Naitafón’, de Pilar Moreno, y ‘Diversidad’, de Sara Mata. El museo se ubica en el Centro Nacional de Cultura, al oeste de la Biblioteca Nacional. Abre de lunes a sábado, de 9:30 a. m. a 5 p. m. El teléfono es 2257-7202. La entrada vale ¢1.000 (¢500 con carné).
Nota del editor: este artículo fue corregido el domingo 24 de enero a las 12:30 p. m. para añadir un párrafo que fue suprimido por error.
