Por: Fernando Chaves Espinach.   25 enero
La ganadora del premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2017 falleció este jueves, según les confirmaron familiares a medios nicaragüenses. Fotos: Prensa Gráfica/Archivo LPG
La ganadora del premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2017 falleció este jueves, según les confirmaron familiares a medios nicaragüenses. Fotos: Prensa Gráfica/Archivo LPG

Claribel Alegría, gran poeta nicaragüense-salvadoreña, falleció este jueves 25 de enero en su residencia de Los Robles de Managua, informa la agencia EFE. Autora de una amplia y conocida obra, ganó el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en el 2017.

Creadora de más de 60 libros de poesía, novela y ensayo, Alegría era reconocida como una de las principales escritoras de Nicaragua. Su obra se asociaba con la "generación comprometida" de los años 50 y 60 del siglo XX, con su tono de reclamo contra la injusticia acompañado de las confidencias íntimas de una poeta-amiga con lectores en más de 15 idiomas.

Alegría "murió esta mañana de una infección pulmonar" rodeada de sus cuatro hijos, confirmó a la Agence France-Presse una de sus hijas, Patricia Flakoll. “La creíamos inmortal. Esperó que vinieran todos sus hijos”, algunos de los cuales estaban fuera del país, antes de morir, dijo Flakoll.

Alegría nació en Estelí en 1924, pero a sus nueve meses, su padre fue forzado a exiliarse en El Salvador por protestar contra la opresión en Nicaragua. En su nueva patria, que adoptaría como suya toda su vida, Alegría pronto se topó con nuevas injusticias.

En 1943, Alegría se mudó a Estados Unidos y se graduó en Filosofía y Letras en la Universidad George Washington​ en 1948; por un tiempo, su mentor fue Juan Ramón Jiménez.

En ese país vivió por muchos años y se casó con Darwin J. Flakoll, con quien viviría hasta 1995, cuando él falleció. Fue su gran compañero: escribieron obras juntos, él la tradujo, compartieron todo. Tuvieron cuatro hijos y residieron casi toda su vida de casados en Estados Unidos y Europa.

Autora de libros como Sobrevivo (1978, Premio Casa de las Américas) y Variaciones en clave de Mí (1993), seguía muy activa –recientemente publicó una traducción de Lao Tsé al español–. Cenizas de Izalco (1964), coescrita con Flakoll, fue una de sus obras narrativas más conocidas, así como Somoza. El expediente cerrado (1993), donde contó el asesinato del dictador en Paraguay.

En el 2006, Alegría obtuvo el Premio Neustadt de literatura internacional por el conjunto de su obra, y en el 2017, el más importante premio de poesía iberoamericana, el Reina Sofía, que reconocido el "itinerario de calidad" constante en la obra de la nicaragüense.

“Tengo ya 93 añitos -reconocía- y me doy cuenta de que me estoy despidiendo. Estoy disfrutando de una manera más profunda de mis seres queridos, de mis plantas, de todo. Es mi manera de decir adiós”, dijo en una de sus últimas entrevistas, en El Cultural de España.

Imagen de mayo del 2017 cuando la entrevistaron por ganar el premio Reina Sofía. / AFP PHOTO / INTI OCON
Imagen de mayo del 2017 cuando la entrevistaron por ganar el premio Reina Sofía. / AFP PHOTO / INTI OCON
Poeta querida, intelectual aguerrida

Cuando nació, el viejo Somoza mandó matar a su papá. A sus siete años, la niña vivía en El Salvador, donde se cometería una masacre de más de 30.000 campesinos. La violencia que sacudió el siglo XX, y muy cruelmente a este estrecho de tierra centroamericana, la siguió toda la vida (Te llevo, muerte, a mi costado / Desde el momento en que nací).

"El siglo XX ha sido uno de los siglos más sangrientos, terrible, con el Holocausto, con Sarajevo. ¡Por Dios! ¿Qué espero para el próximo siglo? Que la especie humana piense profundamente y aparte el odio, que acabemos con toda discriminación", dijo en una entrevista en BOMB Magazine en el 2000.

Su poesía entreteje esa visión del mundo, de la necesidad de resistirse a la opresión, con referencias mitológicas y literarias, cantos de amor y un lenguaje directo y transparente. Quizá ese tono sencillo sea en parte lo que inspira la calidez con la que se reverenciaba su obra y su figura.

Claribel Alegría regresó a Nicaragua tras el triunfo de la Revolución Sandinista. Ella rechazaba la categoría de "comprometida" ("La poesía yo no la quiero poner al servicio de nada", dijo), pero sus escritos sobre el pasado reciente de su país destacan por su talante crítico y de denuncia.

Siempre sonriente, Alegría recibía en su casa a autores e intelectuales de toda América Latina. Fue amiga de sus compatriotas Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez, el argentino Julio Cortázar y los uruguayos Eduardo Galeano y Mario Benedetti.

"La poesía es mi mejor manera de dialogar conmigo, de la única manera que me puedo conocer un poco más", dijo a El País en el 2015, con motivo de la publicación de una antología de sus versos, Pasos inciertos.