Caral, cuya existencia fue reportada por la arqueóloga peruana Ruth Shady en 1997, está ubicada en la población de Supe, unos 200 kilómetros al norte de Lima, por la costa del Pacífico. Su antigüedad se calcula en unos 5.000 años.
En una primera reacción, Shady celebró la inclusión de la ciudadela en la lista de patrimonios culturales de la UNESCO, pero advirtió que tal hecho debe ser manejado con prudencia para que un desborde de turismo no ponga en riesgo al lugar.
"El paisaje cultural y natural debe conservarse", dijo Shady en declaraciones a la agencia estatal de noticias del Perú, Andina, tras conocerse la decisión de la UNESCO.
La arqueóloga, principal investigadora del complejo, puso como ejemplo lo sucedido con la ciudadela inca de Machu Picchu, ahora en peligro por la mala forma en que creció a su alrededor la ciudad de Aguas Calientes para atender el flujo turístico.
En ese marco, Shady les pidió a los gobiernos central, regional, provincial y local someter el valle a un plan de acondicionamiento territorial para un óptimo uso del lugar.
La arqueóloga indicó que lo declarado como Patrimonio Cultural de la Humanidad comprende un total de 66 hectáreas, que comprenden la ciudad sagrada y el paisaje circundante, lo que es más extenso que varias ciudades de Mesopotamia de similar antigüedad, y señaló que más adelante se podrán agregar sitios arqueológicos vecinos de la misma civilización como μspero, Vichama o Chupacigarros.
La vieja ciudadela se convierte en el undécimo Patrimonio Cultural en el Perú, pues ya lo son la ciudad de Cusco, Machu Picchu, los parques nacionales Huascarán, Manu y Río Abideo, el complejo arqueológico Chavín, la ciudadela de barro Chan Chan, las Líneas de Nasca y las Pampas de Jumana.