Las aves fueron los animales más representados en los artefactos utilitarios y decorativos confeccionados por nuestros antepasados precolombinos.
La exposición Aves de piedra, barro y oro en la Costa Rica precolombina –que se inaugura hoy en los Museos del Banco Central– recopila 100 piezas prehispánicas en las que claramente se aprecian representaciones de pájaros.
Zopilotes, lechuzas, águilas harpías, gavilanes, tucanes, loras y pavones son algunos de los pájaros más comunes que nuestros antepasados plasmaron en objetos de piedra, barro, oro y jade.
La muestra es el resultado de una investigación conjunta entre la antropóloga Patricia Fernández y el ornitólogo Julio Sánchez.
Así, la exposición responde a las interrogantes sobre el significado cultural de las aves para los indígenas precolombinos, pero también revela información biológica sobre la avifauna nacional identificada en esos artefactos.
Compañeros alados. De acuerdo con Fernández, la evidencia arqueológica comprueba la existencia continua de objetos con formas de aves desde el año 500 a. C. hasta la época de contacto con los españoles, cerca de 1500 d.C.
Los 100 objetos precolombinos que se exhiben fueron hallados en varias regiones de Costa Rica.
Después de analizar las piezas, el ornitólogo Julio Sánchez identificó 16 familias de aves que los indígenas plasmaron en sus artefactos de una manera estilizada.
“Es sorprendente la capacidad de observación de estos pueblos al reproducir las características externas de las aves con un alto grado de fidelidad”, opinó Sánchez.
Para identificar a los pájaros en vasijas, colgantes, metates y otros objetos, el científico se fijó en aspectos como la forma del cuerpo y del pico, la longitud del cuello y la proporción entre éste y la cabeza.
Llama la atención una minúscula figura en oro de un 1 centímetro de longitud, cuyos rasgos denotan que se trata de un búho.
Entre las familias más representadas destacan Cathartidae (zopilote y rey de zopilotes); Accipitridae (gavilanes y águilas harpías y halcones); Strigidae (búhos y lechuzas) y Psittacidae lapas, loros y pericos y Columbidae (palomas).
Sánchez logró identificar incluso algunas especies, en particular como el pájaro carpintero lineado Drycopus liniatus que pertenece a la familia Picidae.
Simbolismo. La antropóloga Fernández afirma que los significados atribuidos a las aves varían según el período histórico, la región geográfica y las prácticas socioculturales de cada grupo indígena.
Sin embargo, se pueden señalar algunas tendencias generales.
“Por ejemplo, los zopilotes son aves carroñeras, es decir, que se alimentan de carne descompuesta y posiblemente por eso se asocian a rituales funerarios especialmente durante períodos tempranos”, explicó la antropóloga.
Las águilas harpías tienen numerosa representación en piezas de oro utilizadas como marcadores de alto rango político y religioso.
El comportamiento nocturno de los búhos y lechuzas despertaba gran temor entre los indígenas por lo que se les considera como aves de mal agüero.
Al ser Costa Rica una zona de paso para gran cantidad de aves migratorias, los indígenas también representaban especies de este tipo como los gavilanes.
La muestra se exhibe al público todos los días de 9:30 a. m. a 5 p. m. durante dos meses. La entrada tiene un costo de ¢1.500 para nacionales y $9 para extranjeros.