Bastaba con escuchar el “fara fara chín” de la cimarrona para que muchos salieran espantados.
Quizá, si aún tuviera unos ocho años, esa habría sido la reacción de Jackeline Mora. Es que, de chiquilla, le huía a los payasos. “Ay, es que le tenía miedo a los chilillos”, confió entre risas quien hoy es adulta.
Cerca de ella, Diego Guerrero departía con sus amigos. “¿Por qué vengo? Es divertido ver las máscaras y sentir que lo persiguen a uno”, dijo.
Al igual que ellos, decenas de personas se acercaron ayer en la mañana a Aserrí para presenciar el pasacalles que se realizó con motivo del XIII Encuentro Nacional de Mascaradas, cuyo dedicado de este año fue el Liceo de Aserrí, por su 40 aniversario.
Unas 22 agrupaciones de payasos y unas diez cimarronas del Valle Central desfilaron por las calles del cantón josefino. Salieron a las diez de la mañana del costado sur del cementerio, hasta el liceo.
A pesar de que las mascaradas y espectadores tuvieron que sortear el tránsito que seguía pasando en kilómetro y medio de recorrido, la reacción generalizada del público fue de disfrute.
“De la mascarada me gusta todo: la música y la alegría. Hasta me dan ganas de bailar”, declaró Ana Isabel Valverde, quien asistió acompañada de su hijo.
Esta fue una de las actividades que se organizaron para celebrar el Día de la Mascarada Tradicional Costarricense, festividad que se instauró por decreto ejecutivo Nº 25724-C en 1997 y pretende así rescatar esta tradición.
“Esto se lleva en el corazón y se trata de disfrutar lo típico de Costa Rica”, confesó el joven Clay Rojas, quien yacía bajo las faldas de la giganta, uno de los personajes más queridos junto con el diablo y la cegua.
“Hoy es un día especial para nuestro pueblo”, comentó William Fernández, mientras sostenía a su hija para que esta pudiera ver mejor a los payasos. Y agregó: “Vine con la familia para que mis hijas vean la tradición. Sería bueno que los pueblos mantengan sus tradiciones para que las generaciones que vienen las disfruten”, declaró .
Al mediodía, el desfile había terminado; pero no la fiesta. Muchos aprovecharon la VI Feria del Tamal para quedarse almorzando.
En horas de la tarde, el cronograma indicaba un “pique” de cimarronas y un concierto con el ensamble La Malacrianza. Para la noche, la música estaba a cargo de la Banda de Aserrí y el cierre sería con un juego de pólvora.