ROMEO Y JULIETA.Tragedia en cinco actos
Autor: William Shakespeare.
Título original: Romeo and Juliet.
Traducción: Astrana Marín; Menéndez y Pelayo, Neruda.
Presentación: Compañía Nacional de Teatro y grupo La Joya.
Patrocinio: Universidad Hispanoamericana, Banco Nacional.
Elenco principal: Roxana Campos, Fabián Sales, Montserrat Montero, Miguel Rojas, Dionisio Leal, Heiner Porras, Jefferson Arce, Bismarck Fernández, Santiago Fornaguera, Zebastián Méndez, Antonio Rojas.
Música: Mauricio Quirós.
Coreografía: Nandayure Harley.
Iluminación: Jody Steiger.
Versión libre, vestuario, escenografía y dirección: Luis Carlos Vásquez.
Lugar: Teatro Melico Salazar.
Estreno: Martes 20 de setiembre.
En el aviario extravagante de la farándula costarricense, Luis Carlos Vásquez ha hecho nido estrambótico con cuanta baratija de envoltura brillante ha podido despojar a águilas teatrales de vuelo más alto.
Asimismo, en las notas que borroneó para el programa de mano de su desmontaje de Romeo y Julieta, estrenado el martes en el teatro Melico Salazar, dizque versión libre de la tragedia del ínclito dramaturgo inglés William Shakespeare (1564-1616), de igual forma que en ocasiones anteriores, Vásquez tampoco sufrió empacho en escudarse tras consagradas tradiciones dramáticas, como el teatro Noh japonés, para dar semblanza de legitimidad a sus decadentes luiscarladas, mote con que el mundillo farandulero tilda sus estrafalarias ocurrencias escénicas .
Sin embargo, esta vez sus pretensiones apuntaron aún más allá pues en el escrito relacionó la edad tradicional de Cristo al morir, 33 años, con el mismo "número mágico" de gente que, dice Vásquez, forma el elenco implicado con él en la transgresión de la música verbal y la dramaturgia shakespirianas, comparsa que llama la Compañía de los Santos Descarriados.
Nuestro director también aprehendió otras creencias: la descompuesta en escena empezó con un desfile carnavalesco para propiciar a Yemanyá, diosa de la mar de la santería, que Vásquez conjura en aras de la apócrifa estética "latinoamericana" que finge reivindicar.
La aprehensión de Vásquez se explayó al repugnante revoltijo iconográfico que percudía la desescenificación, demasiado extenso o rebuscado para detallar, pero que se tambaleaba entre La creación de Adán, de Miguel Ángel, y la Patinadora de la película semipornográfica Boogie Nights, y pasó por el kitsch de cupidos voladores y angelitos de cromos, amén de estatuas humanas.
Al intentar hacer parodia, recurso de por sí fuera de contexto en la tragedia shakespiriana, Vásquez más bien hizo parodia de sí mismo, el tiro le salió por la culata y sus excesos lo desplumaron.
La fealdad figurativa y conceptual del simulacro vasquiano estuvo rematada por la cursilería de la empalagosa y continua música incidental de Mauricio Quirós, y por la falta de profesionalismo de la mayoría del reparto, los 33 benditos mencionados.
No obstante, en los papeles principales atañe exceptuar a Roxana Campos, como la Nodriza, la única cuya dicción y fraseo se oyeron entendibles y la única que confirió sentido dramático a sus parlamentos; y, en los papeles menores, a Dionisio Leal, quien lució simpático como Pedro, personaje gracioso.
En cuanto a los protagonistas epónimos, Fabián Sales (Romeo) me pareció un histrión del galillo para afuera, si bien de voz débil, que no concedió ninguna organicidad corporal al personaje y que no haría palpitar ni el corazón de una liebre. Montserrat Montero (Julieta) mostró presencia agradable y, si aprende a actuar y a decir, podría tener futuro en las tablas nacionales.
Por lo demás, me inhibo de propalar los epítetos con que quisiera reñir la violencia cometida por Luis Carlos Vásquez contra la tragedia shakespiriana de Romeo y Julieta , a pesar de que a él sus criterios no le impidieron obrar a su manera sobre el escenario del teatro Melico Salazar.