
La pregunta es esta: ¿por qué la película La batalla de los sexos (2017) no es mejor filme de lo que vemos? Creo que porque tanto su guionista (Simon Beaufoy) como su pareja de directores, el matrimonio de Jonathan Dayton y Valerie Faris, no pudieron ahondar en los dilemas o “demonios” que ahogaban a sus personajes.
La pregunta es esta: ¿por qué la película La batalla de los sexos (2017) no es mejor filme de lo que vemos? Creo que porque tanto su guionista (Simon Beaufoy) como su pareja de directores, el matrimonio de Jonathan Dayton y Valerie Faris, no pudieron ahondar en los dilemas o “demonios” que ahogaban a sus personajes.
¿Eso quiere decir que La batalla de los sexos es cine superficial? Sí, sobre todo porque había muy buen material para trabajarlo. Incluso, en su esfuerzo por convencer al público de su tesis, el filme padece de “delirio conceptual” y lo padece de manera constante.
No cuestiono la validez del discurso del filme, sino su presentación dentro del drama, por lo que este pierde fluidez narrativa. O sea, temas muy valiosos como la revaloración social de la mujer (del feminismo) o la libertad para definir a quién se ama, más bien terminan por repercutir de manera negativa en el desarrollo dramático del filme.
A la película le falta sutileza y equilibrio, mientras le sobra trivialidad, por más que uno se esfuerce en ignorarle esta anemia con tal de aplaudirle su discurso. Este “discurso” es señalado por el filme de manera denotativa siempre y agudizando los extremos de manera mecánica (la bondad femenina ante la maldad masculina).
La trama recuerda un partido de tenis celebrado en 1973, entre la admirable tenista Billie Jean King y el tenista retirado y codicioso Bobby Riggs. Ella está metida en una importante lucha: no hay razón para que las tenistas mujeres ganen menos que los hombres, solo por ser mujeres, sujetos de segunda categoría en los deportes.
También se debate ella entre la fidelidad matrimonial a su esposo u optar por una nueva relación, esta vez con una mujer joven: su estilista. Aquí se logran buenos momentos visuales en el espacio de signos que son apenas sugerencias (en el salón de belleza, por ejemplo) o de la tenista sola con sus dilemas en el vestuario. Igual, le falta hondura al asunto.
Bobby Riggs es diseñado como un tipo chabacano y misógino al hastío, para quien las mujeres sirven para cocinar y para la cama, nada más, pero el filme nunca ilustra mejor sobre su conducta adictiva que lo lleva a la ruptura matrimonial.
Por otra parte, mientras Emma Stone actúa de manera extraordinaria como Billie Jean King, Steve Carell cree que está en una de sus comedias de segunda (como Bobby Riggs).
La fotografía aporta poco al enriquecimiento de imágenes y la banda sonora es más bien arbitraria con sus canciones, aunque uno puede destacar la dirección de arte en la recreación de época (mejor con el vestuario). Lo peor es que la falta de vitalidad de la película se exprese también durante el famoso juego de tenis: recursos formales hay para haberlo hecho más tenso.
No es esta una película para recomendar por su calidad fílmica, pero la salva la validez actual de su discurso y, por ende, de sus diálogos, en un momento en que la agresión masculina llega al horror del feminicidio como expresión de la violencia de género y de la estupidez humana
Ficha técnica
- EE.UU. 2017
- GÉNERO: Drama
- DIRECCIÓN: Jonathan Dayton y Valerie Faris
- ELENCO: Emma Stone y Steve Carell
- DURACIÓN: 121 minutos
- CINES: Magaly
- CINES:DOS ( * * ) de cinco posibles