Así como los pájaros alzan vuelo, algunas veces también lo suelen hacer los artistas. Anoche fue así... en alas de Fidel Gamboa y su innegable presencia, Malpaís voló para siempre.
Como guilas, como recorriendo potreros y como tocando el cielo en dónde su líder ya juega, anoche el Estadio Nacional fue testigo de cómo un grupo de alocados músicos dijeron “adiós”, y de cómo 30.000 orgullosos ticos agitaron sus palmas para despedirlos.
Recordando las palpitaciones folclóricas que el corazón de Fidel siempre defendió, la velada se inició con el tema
Matizada por los impecables arreglos de la Orquesta Filarmónica y los gritos de “¡¡Malpaís, Malpaís!” se encendió la noche.
“¡Buenas noches Fidel!”, gritó Jaime Gamboa. ¿Quién quiere cantar hoy?, agregó Gamboa.
De inmediato, Pato Barraza y su potente voz irrumpieron en la escena para cantar
Parejas abrazadas y algunas lágrimas de sentimiento sobresalían en el panorama. No se llenó el Estadio, pero sí llegaron los suficientes para romper el récord: anoche fue el concierto más concurrido de la historia para una agrupación u artista nacional.
“Espero que hayan pedido permiso en la casa, porque esto va para largo”, exclamó emocionado Barraza, mientras le daba la bienvenida a Marta Fonseca.
Entonces, la melódica voz de Fonseca se unió a los acordes de
“Yo sé que alguien nos está viendo esta noche... Y yo quisiera presentarles al que le enseñó a tocar guitarra: ¡Max Goldenberg!, su tío”, anunció Jaime, en clara referencia a su hermano.
Goldemberg se rajó con dos piezas seguidas:
A escena volvió Rodríguez, para cantar
Walter Flores dijo presente con
Con su inconfundible voz, María Pretiz incursionó con
Era
Con un suspiro general, el estadio entero se mostró conmovido y, sin dudarlo, Jaime Gamboa corrió tras el consuelo de Araya.
Acompañado de Nelson Segura, el bajista de Escats, y luego de una conmovedora entrada de la Filarmónica y una juguetona marimba, Jaime cantó
Por esa razón, la pieza no solo lo interpretó el valiente de Jaime; el Estadio Nacional lo coreó a más no poder, ondeó banderas de la linda Costa Rica y le dio ánimos al conmovido artista.
Luego, los sonidos de una cimarrona, o mejor dicho de la “espanta perros” de Fusión Brass, como lo proclamó el mismo Jaime, “repartieron chilillo” con una auténtica cimarrona
Seguido, Arnoldo Castillo se lució con una fresca interpretación de
Luego de una folclórica y fina introducción, Iván Rodríguez cerró el bloque con
“Recuerden que la muerte comienza por el olvido. Y como la música de Fidel va a estar por siempre, él no va a morir”, dijo Blades.
La despedida continuó con
En sociedad, Iván, Jaime y Daniela interpretaron
Claro, no fue que dejaron de cantar, es que los amigos de Fidel saltaron a escena para no dejarlos solos.
Con la canción
“¿Cambió sus vidas Malpaís?”, preguntó Marvin Araya al público. El estadio contestó con un imponente “¡sí!”. Estaba claro para él y para todos, Malpaís y Fidel no solo hicieron historia, sino que cambiaron destinos.
Pasadas las 10 p. m., hicieron otro ademán de despedirse y tampoco lo lograron, fueron presa del cariño cosechado. Al grito de otra y cientos de ovaciones, al final Malpaís alzó vuelo con
Los sonidos guanacastecos, en una celebración a la raíces de Fidel cerraron la velada. El estadio vivió una auténtica parrandera.
¡Adiós, Malpaís! Por aquí se les extrañará.