“Ojos que no ven, corazón que no siente”, reza el refrán. Dejando de lado la malicia que permite tener sospechas, en este mundo suceden muchas cosas que se esconden tras nuestra ignorancia. Pero el que no las veamos no significa que no existen'
¿Cuánto está dispuesto a renunciar por un ideal que desconoce, hasta vivirlo en carne propia? ¿Y a costas de quién?
En medio de una tragedia, de la tensión y del poder de las decisiones,
¿Crudeza? Algunos solo lo sospechamos, pero sabemos que existe.
La corrupción detrás de una mordida o el engaño para alcanzar un bien ajeno, son solo detalles de una realidad que, día a día, se vive aquí y en todo el mundo.
Juan salió aquella mañana de su casa; se despidió de su esposa y fue a conocer su nuevo trabajo. Algo normal hasta ese momento. Un poco de nervios, quizá; los adultos a veces se emocionan menos por sus “primeras veces”. Lo que Juan no sabía, es que iba a pasar su primera noche en una cárcel, que iba a crear su primer teatro basado en una mentira o que mataría, por primera vez, a un hombre.
Con cámara en mano, rodada en el brío de un motín y en un espacio real, la película transporta al espectador en el viaje único del protagonista Juan Oliver (Alberto Ammann), y siente sus emociones.
“Por mucho que
La película fue rodada en la prisión provincial de Zamora, en España, que había permanecido cerrado por doce años y que el equipo de producción se encargó de revivir entre las galerías, los patios y las celdas, pobladas por escombros.
Basada en el libro homónimo escrito por Francisco Pérez Gandul, la película
En la historia, Juan recibió su encargo de funcionario de prisiones, y tan responsable como se caracteriza, decide ir a conocer la cárcel un día antes de su primer día de trabajo. Aunque su esposa Elena (Marta Etura) trata de retenerlo un poco más, él insiste en que debe y le repite cuánto la ama. Ambos pronto serán padres: Elena tiene unos seis meses de embarazo.
Mientras hace un recorrido por la cárcel donde trabajará, dos funcionarios le muestran una de las secciones más especiales del sitio. Se trata de la sección donde están los
Conforme avanza la explicación, Juan aprende que los presos deben despojarse de toda pertenencia, y que incluso los cordones de sus zapatos deben ser retenidos por los oficiales a su ingreso en la prisión. También se da cuenta de que, a veces, los mismos funcionarios permiten el ingreso de algunos materiales prohibidos, como pólvora o cuchillos, a cambio de la información más oculta de las celdas, que solo los reclusos pueden conocer.
En pleno recorrido, y sin mayor preaviso, Juan tiene un accidente provocado por las malas condiciones y cae desmayado al suelo. Para su suerte, en ese mismo instante se desata un motín entre los presos, quienes rápidamente toman el lugar. Los funcionarios que acompañan a Juan optan por esconderlo en una celda, la número 211, y salen para salvar sus vidas.
En medio de ese caos y de la fervorosidad de los prisioneros, y más allá de las diferencias que pueda haber entre ambos,
“Juan descubre que estar de un lado o el opuesto no es tanto una elección moral como una mera conjunción de circunstancias. Y que todo es relativo; el hecho de haber matado no está reñido con la integridad, y actuar como guardián de la ley no está reñido con ser un hijo de perra. Y el motivo por el que conmueve es porque hurga en una llaga que duele como pocas, la que nos habla de la fragilidad, de que en la vida pendes de un hilo”, agrega Monzón.