En plena entrevista, él sacó sus múltiples plumas y lápices de un estuche de cuero y plasmó algunos trazos sobre una hoja. El dibujo aún no toma forma, porque la conversación lo absorbe; en cambio, utiliza sus manos para hacer muchos gestos al hablar.
Se trata del animador e ilustrador español Miguelanxo Prado. Él está en Costa Rica ya que participó a principios de semana en el Festival Internacional de Cine Ambiental
Animosamente sigue conversando sobre una experiencia en Hollywood. “Hice el diseño de unos personajes de
“Nací en los años sesenta, y me crié con los vanguardismos, pero progresivamente me fui dando cuenta de que a mí lo que más me interesa en el arte no solo es expresarme –que hace cualquier obra artística–, sino comunicarme. No me sirve de nada hacer una obra que después tengo que explicar.
“Creo que, en estos momentos, no podemos seguir en ese juego autoalimentado y autojustificado, de ‘yo soy yo’ y ‘ quien quiera, que entienda mi obra’. Creo que el artista tiene también una obligación social, sin derecho a vivir por encima de lo divino y lo humano ni de la sociedad, que a fin y al cabo, lo mantiene”, explicó este artista gallego.
El dibujante, que ya acumula treinta años de carrera y se ha especializado en la producción de cómics (historietas), ha incursionado también en el ámbito audiovisual internacional con una serie de trabajos para cine y televisión.
En este sentido, su obra prima es el largometraje
“Es un tipo de animación que no es convencional; no hay persecuciones, no hay peleas ni grandes movimientos de cámara ni personajes. Está en una clave eminentemente poética; es como un sueño. Es más una ‘pintura animada’ que ‘dibujos animados’, porque se ven cada uno y absolutamente todos los brochazos, los trazos del lápiz, la textura del papel, la pintura”, dijo.
“Ese nivel de experiencia fue increíble. En esa ocasión, vi cómo las imágenes cambiaban al son de la música; fue fascinante”, agregó.
Esta obra de autor nació, en sus palabras, a raíz del vertido de petróleo del buque
“Para alguien que nació al lado del mar, era una situación difícil. Hubo muchos movimientos artísticos por eso, y ahí en medio, sentí la necesidad de hacer una obra con otro sentido. Quería devolverle esa parte poética al océano; no solo la evidente denuncia, sino también lo emotivo, sentimental”, explicó.