
La fiesta de las salchichas no es para el paladar de cualquiera.
El estilo de animación podrá recordar a las películas infantiles de Pixar o DreamWorks Animation, pero es necesario confirmarle a los padres que la comida habla y canta con lenguaje adulto.
La historia sobre un grupo humanizado de alimentos estrena este jueves en cines ticos después de haber superado las expectativas de taquilla y críticas en otros países.
El proyecto salió de las mentes de Seth Rogen, Evan Goldberg (guionistas de Superbad ) y el actor Jonah Hill (quien interpretó a uno de los protagonistas de aquella comedia).
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“A la gente le gusta proyectar sus emociones en las cosas de su alrededor: sus juguetes, sus carros y mascotas. Es lo que ha hecho Pixar durante los últimos 20 años. Así que pensamos, ¿qué pasaría si la comida tuvieran sentimientos? Nos dimos cuenta rápidamente de que sería jodido”, sostuvo Rogen en el pasado festival South by Southwest.
Más que jodido. La primera palabra florida de la película es la reina de las obscenidades anglosajonas: fuck , torpemente traducida como “joder” aunque, en español, no tiene equivalente. En total, la película tiene 36 de estas maldiciones intraducibles .
En la historia, un paquete de salchichas celebra que los “dioses” humanos podrán llevarlos al “más allá”, fuera del supermercado. Para las salchichas ese viaje es especial porque van a poder tener sexo con los panes para hot dogs.
Las salchichas Frank (en la voz de Seth Rogen) y Barry (Michael Cera) son compradas por una mujer. Al carrito también ingresan Brenda (Kristen Wiig) el pan de hot dog que está en una relación con Frank, una ducha vaginal que lleva años esperando irse de su anaquel (Nick Kroll) y un tarro de mostaza confundida por su propósito de vida.
El eventual suicidio de la mostaza desata un hilo de reflexiones filosóficas –¿quiénes son los dioses? ¿cuál es el propósito de ser usados por seres gigantescos?–, pero que no son más relevantes que los chistes de sexo y drogas para poder saborear la película.

Los alimentos terminan divididos porque el carrito se vuelca: Frank, Brenda y la Ducha se quedan en el supermercado con otros productos abandonados y Barry llega a la cocina de la mujer junto con el resto de la comida.
Tanto fuera del supermercado como adentro de él, los productos se dan cuenta que su existencia es inútil y que terminan desechados por los humanos –hay descriptivos testimonios de un papel higiénico y un condón usado–.
A manera de resolución entre las heridas sensibilidades de los productos y el egoísmo humano, la cinta ofrece lo que puede: una sonora y gráfica orgía.
“Estás acostumbrado a ver caricaturas rodeados de plástico de burbuja. Esto es chocante. Divertirse con eso es emocionante”, detalló sobre la escena el actor Michael Cera al Los Angeles Times.
La diversión de La fiesta de las salchichas no es para toda la familia; no obstante, es para quienes pueden pagarla. Solo en Estados Unidos ha obtenido ganancias de $96 millones (cifra para nada despreciable para un presupuesto original de $19 millones).
