
De pronto nos llega un filme de una cinematografía novedosa: la de Kazajstán, con aportes en la producción de Rusia y Mongolia. La película se titula
Los trazos de este largometraje pasan por lo que –en literatura– se llama subjetivismoromántico, o sea, con la biografía de un sujeto conocemos las condiciones históricas,sociales y hasta amorosas que dieron lugar a la configuración del gran imperio que dominó más de la mitad del mundo conocido entonces.
Desde esa plataforma, tenemos una bien lograda construcción épica de los hechos sociales y de los eventos que surcaron la vida del hombre cuyo padre –jefe de clan– fue envenenado. Gengis Khan (entonces se llamaba Temujin) tenía tan solo 13 años. Su familia fue sometida a un duro período de indigencia y el mismo Temujin fue vendido como esclavo.
La película no llega hasta el período en que Temujin recibe el título de Gengis Khan, cuando este expande su imperio mongol y la crueldad es parte de dicha expansión.
El filme se detiene en el período del Temujin perseguido antes que perseguidor. Así planteada, la película muestra una interesante propuesta narrativa, con buen manejo de la elipsis (saltos en el tiempo, siempre hacia delante).
No es solo la magnificencia visual (gran fotografía de Rogier Stoffers y de Sergéi Trofímov), sino también la capacidad expresiva del detalle: desde los primeros planos a las elegantes panorámicas. El tono épico del filme se enriquece, como debe ser, con un acertado ojo sobre las causas de las distintas conductas de sus personajes. El filtropsicológico se cuela entre la paleta de la epopeya.
Las actuaciones agudas, intensamente dramáticas y de rigor facial le dan al filme nosolo vitalidad, sino también coherencia: hacen creíble la historia narrada en cada ángulo de sus enfoques. El japonés Tadanobu Asano encarna al Temujin adulto con gran gestión histriónica: es un extraordinario actor. La música viene a ser otro elemento afavor del relato, para subrayar el tono de las batallas cruentas, la reciedumbre dramática y, por ende, la aspersión lírica que también se muestra (es también una historia de amorentre Temujin y Borte, su mujer).
Es película inquietante, que, infortunadamente, se pierde en detalles, por lo que pudo haber tenido un mejor ritmo (más intenso), es como si su guion sobreabundara en datos (no siempre necesarios), pero lo cierto es que se trata de una buena película, aunque su discurso sea incierto al presentar a Gengis Khan como héroe multiétnico. No se la pierdan.