
La dolorosa desaparición de su hermano Carlos, hace 27 años y por motivos políticos, desencadenó un duro pero esperanzador viaje desde Inglaterra hacia Guatemala.
Tras muchos intentos por conocer la verdad, la realizadora chapina Ana Lucía Cuevas vio una luz prenderse cuando hallaron un archivo secreto de la policía de su país. Entonces, no lo dudó y corrió tras la pista de su ser querido: ¿Qué habrá pasado con él?
Así nació el documental
Se trata de un filme dirigido y protagonizado por la misma Cuevas, cuyo objetivo es evidenciar su propio drama, así como el de muchas familias guatemaltecas en la década de los 80.
Mi hermano desaparece a raíz de la situación política de la que éramos opositores. Por eso, toda nuestra familia tuvo que abandonar el país. En ese entonces gobernaba el país Óscar Humberto Mejía Victores. Fueron años de mucha represión en contra del pueblo.
Mi padre era un académico y defensor de los derechos humanos. Toda nuestra familia se involucró de alguna u otra manera en eso.
Él era miembro de la Asociación de Estudiantes de la Universidad de San Carlos.
Fue capturado cuando iba con un compañero. Tenía una moto, fue perseguido y capturado. En ese mes se capturó a toda la dirigencia de esa asociación.
Me había ido dos meses antes, por las mismas amenazas.
Justo al desaparecer se inició una búsqueda dentro y fuera de Guatemala. La búsqueda la inició su esposa, Rosario de Cuevas. Mientras, en el extranjero, nosotros hacíamos otro tipo de presión.
A Rosario la asesinaron junto a su bebé de dos años y su hermano. Eso también lo cuento en el documental. A partir de ese hecho se abrió lo que yo llamo una cortina de silencio, ya que por miedo la comunicación con Guatemala desde afuera se hizo difícil. Pero nunca dejamos de buscar a mi hermano.
En el 2008 yo me enteré de ese archivo y entonces decidí regresar a buscar la evidencia. Decidí, además, documentar ese viaje y filmarlo. De una manera muy discreta llegamos a Guatemala y lo hicimos.
Porque antes no existían las condiciones para hacerlo. Se combinaron varias situaciones. Además, tuve la suerte de encontrar un camarógrafo que me acompañara.
”Además, yo desde 1996 ya había documentado acontecimientos como la firma del tratado de paz y otras filmaciones. Todo eso conformó situaciones concretas para construir una historia con más cuerpo, reunir pruebas y que la historia tuviera incluso conclusiones.
En un sentido es un
”Combino en la narrativa aspectos históricos y testimoniales, pues se entrevista a otros actores que también sufrieron ese drama”.
Fue así, personal, porque yo quería tener completa responsabilidad de lo que fuera a pasar. Es que era una acción arriesgada.
Sospechaba que iba a ser difícil y lo confirmé. Personalmente, me ha afectado en mi salud. Además, fue un proceso complicado para mi mamá y mi familia que tuvo que revivir tantos sentimientos.
Creo que sí, porque yo trato de abarcar los diferentes aspectos de sufrimiento por lo que pasa uno, entra ellas la tortura psicológica.
Creo que las superó, dimos testimonio de lo que vivimos y además brindamos a las nuevas generaciones una manera de conocer la historia y también de entenderse, ya que hoy en día ellos sufren las consecuencias de esa época.
Sí, lo presentamos en diciembre, en Ciudad de Guatemala, y fuimos a varios pueblos.
Fue inesperada la respuesta. Las emociones fueron extremas, la gente llora, se emociona muchísimo.
Para mi mamá fue así, y para algunos familiares también; para mí, no lo sé. En realidad, lo que ocasionó en mi es que me regresó a la realidad, pues por muchos años se nos quiso hacer creer que todo lo que pasó fue una ficción”.
“Tanto nos dijeron eso que uno tiende a creérselo. Pero hacer el documental me hizo evidenciar que sí fue realidad, y que sí valió la pena hacer todo este trabajo.
Si hay resultados, pero creo que tienen que ver el documental para conocerlos.