Cine

Crítica de cine: ‘No miren arriba’, la caída de un meteoro rico en minerales

Es la hora del fin de los tiempos, así se escribe desde el Apocalipsis. Un filme renueva el tema con mucha acidez, entre comedia y tragedia

No sé si todos los lectores recuerdan aquella buena película del irregular director Adam McKay, titulada La gran apuesta (2015), en la cual, desde cierta óptica de sátira, se señala la tragedia de la pasada crisis financiera y de la voracidad capitalista.

Entonces se trataba del colapso de la economía. Ahora, con guion propio, McKay actualiza su crítica mediante el uso de una ácida y desabrida ironía que, tangencialmente, pasa por momentos de tragedia; sobre todo, si pensamos que la trama puede llegar a ser cierta.

El filme de hoy se titula No miren arriba (2021; Don´t Look Up), que nos lleva a recordar la frase que el poeta romántico Samuel Taylor Coleridge señalaba a propósito de Shakespeare: “Su humor tiende al desarrollo de lo trágico”.

Todo comienza cuando dos astrónomos de una universidad en Michigan descubren que un inmenso meteoro se dirige hacia la Tierra, lo que significará la destrucción de nuestro planeta. Solo faltan seis meses y unos días para que eso suceda. Lo primero que él y ella hacen es buscar la ayuda de la Nasa y la encuentran en un ingeniero. Hasta ahí.

Los siguientes pasos que dan para advertirle al mundo del desastre nos recuerdan el conocido mito de Sísifo, condenado por los dioses a subir una piedra, que luego se devuelve y a subirla de nuevo. Así eternamente. Nuestros astrónomos, Mindy y Adam, no reciben la atención debida. La propia presidenta de Estados Unidos no se molesta por asuntos ambientales, solo por juegos electorales. Ni lo duden: ella es la “versión” femenina del expresidente Trump, lo que no es ingenuo en el filme.

La prensa se muestra ambigua y superficial ante el tema del fin del mundo, porque hay otros asuntos que ganan en atención. Por ahí sigue la filigrana de hechos que el director McKay sabe manejar muy bien con imágenes continuas, por ráfagas, imágenes habilidosas que adquieren luego unidad.

Luego veremos a los multimillonarios que tratan de sacar provecho de la situación y del propio meteoro. El filme los ridiculiza, porque todo lo convierten en mercancía, para tener más millones sobre los millones que tienen sin saber qué hacer con ellos: son capaces de hacerse los chanchos para comerse al tigre.

La gente sigue pegada a los celulares y a la ludopatía digital. Surgen subtramas melodramáticas que nada aportan. Es como el vinagre de la ensalada, pero vinagre rancio.

De lo que no hay duda es que, plano a plano, secuencia a secuencia, el director Adam McKay sabe presentar con estilo propio su relato, en lo visual y en su banda sonora, aunque es débil con la dirección de actores, como si cada uno hiciere lo que le da la gana: este es el rabo por desollar de la película.

No miren arriba es un filme que estaba para cosas mejores. Pudo haber llegado, por ejemplo, a los niveles altos del actor Ron Perlman, pero sin bajar a los del joven Timothée Chalamet (personaje y actor sobrantes). Aparte del comentario crítico, el público disfruta de la película pese a su extendido metraje. Ojalá entendamos asuntos que algunos quieren ignorar en la vida real, pero que el filme los dice entre líneas, como el calentamiento global y una pandemia que ahí está, mutando y matando.

‘No miren arriba’

Título original: Don´t Look Up

Estados Unidos, 2021

Género: Ciencia ficción

Director: Adam McKay

Elenco: Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence, Meryl Streep, Cate Blanchett

Duración: 138 min.

Calificación: DOS estrellas ( * * ) de cinco posibles

Plataforma: Netflix