William Venegas. 1 septiembre

He aquí una película española que nos llega con el título de La piel fría. Sin embargo, su director es francés (Xavier Gens), y sus histriones principales son uno inglés y el otro irlandés: David Oakes y Ray Stevenson (buenos trabajos), más conocidos en la televisión de sus respectivos países.

Se trata de un filme propio del género fantástico, en la vertiente del terror, por lo que lo real se codea con lo irreal. Su trama se desarrolla en una isla por allá abandonada en el océano, en un territorio casi olvidado, pero que tampoco es dejada al abandono por aquello de su utilidad en una guerra.

Sujetos desconocidos, de extraña naturaleza, se enfrentan a humanos en 'La piel fría'. Cortesía de Discine
Sujetos desconocidos, de extraña naturaleza, se enfrentan a humanos en 'La piel fría'. Cortesía de Discine

Por eso, dos hombres están ahí colocados para darle mantenimiento a un faro cuya luz resulta tan inútil como las metáforas en un documento académico, porque por ahí no pasa nunca un barco. Ellos no son exactamente amigos, pero se necesitan para sobrevivir ambos.

El sitio del faro es exactamente lo contrario de cualquier tierra prometida, es más bien algo cercano a una descripción del mundo que, en uno de sus textos, planteó la escritora española Blanca Álvarez: como lugar de corrupción y cenizas, lugar de mero trámite para la penitencia.

La trama continúa por el siguiente rumbo: los dos hombres han de defenderse, en ese sitio de ausencias, noche tras noche, metidos en el faro, del asedio de unas extrañas criaturas marinas. Bien se dice que no hay lucha tediosa, y esta sucede de manera incansable.

Sin entender las razones del ataque y sometidos a una extrema tensión, el joven (David Oakes) y el veterano (Ray Stevenson) tendrán que replantearse cómo podrán vencer lo desconocido, aunque el más viejo de ellos mantiene como esclava a una de esas criaturas.

Pese a la absoluta diferencia física de ambas especies (la humana y la anfibia), el hombre viejo abusa incluso sexualmente de su cautiva, por lo que también la película aborda temas como la enajenación, el deseo, la crueldad y hasta el amor en esas condiciones de terror.

La atmósfera no solo es oscura, sino que también es asfixiante: es lo mejor logrado del filme, donde lo claustrofóbico solo se rompe con los ataques de los sujetos “no-humanos”, como si fuese el canto de un endriago en un sitio polar.

La fotografía de Daniel Aranyó es exacta para las pretensiones de suspenso de La piel fría, como si fuese mirada de águila. Agrego la buena colocación de las cámaras por parte del director, pero el filme falla al querer ahondar en lo misterioso de su relato: no lo hace, así de simple.

El exceso de música rompe también con lo recóndito de las imágenes, como si nos colocara en otra película. El filme es valioso por enigmático y creo que es viable recomendarlo, aunque se le puede exigir más. Es el problema de los críticos: siempre exigimos más.

Título original: Cold Skin

España, 2017

Género: Fantástico

Dirección: Xavier Gens

Elenco: David Oakes, Ray Stevenson

Duración: 101 minutos

Cine: Cinépolis

Calificación: TRES estrellas ( * * * ) de cinco posibles