
Es admirable lo consecuentes que son los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne con su cine. Ahora vemos el estreno en la Sala Garbo de su filme
Los hermanos Dardenne no solo se son fieles con su estética y con su noción de la belleza plástica, sino también con los conceptos desmitificadores, solidarios y de denuncia social (abrirnos conciencia) que ofrecen con sus tramas. En
Es un asunto que sucede en Bélgica, con la migración de lituanos, fundamentalmente; pero sabemos que es cuestión que acontece incluso en Costa Rica y en muchos otros países. La mujer afectada, en la película, se llama Lorna. A ella la casan con un adicto a las drogas. Luego de nacionalizada, la necesitan para que se case con otros inmigrantes en el país valón.
Al principio, los sucesos parecen darse dentro de una pretendida cordura. El filme, poco a poco, sin estridencias de ningún tipo, nos va mostrando que ese principio solo lleva a un viaje hacia círculos más infernales que matan o transportan a las mujeres al grado mismo de la locura. Sin mayor virtuosismo formal que la propia sencillez de la puesta en imágenes, somos espectadores señalados por el filme de lo que es, sin duda, una denuncia directa sobre los procesos sociales de degradación.
Recordemos aquí una expresión ya dicha ante el buen cine de los hermanos Dardenne: ellos son capaces de contar poco en una película, pero igual de decir mucho. Por eso, aparecen esas golpeantes elipsis que utilizan en sus narraciones, como la que se da en
Nuevamente, al estilo Dardenne, el manejo de la cámara nos da una estimable sensación de verosimilitud, semejante a la que provoca un trabajo de investigación periodística. Si lo pensamos, sucede como en aquel otro filme de gran calidad, honradez intelectual y compromiso humano de los hermanos belgas:
Por otro lado, de manera complementaria, en
La presencia mínima de la música se une al silencio de la mujer, que es el silencio de los desposeídos de su dignidad por un sistema inclemente. Por eso la economía dramática del filme también con las palabras. Las escenas que vemos son apenas las necesarias, no hay sensacionalismo alguno para mostrar alegrías, dolores, esperanzas o ansiedades.
Hasta el vestuario se reduce a su mínima expresión, igual con los decorados, artilugios, maquillajes y sin efectos especiales. Nada. La imagen por sí sola. La trama por sí sola. Los personajes por sí solos. La película por sí sola. Sin explicaciones ni aditamentos, pero con una semántica clara: no solo es Lorna con su silencio, es el de una realidad que se inserta en el escenario de una globalización despiadada y perversa.