Un mérito tiene la película
Es una especie de avance o tráiler fílmico convertido en largometraje espurio, o sea, ajeno a los méritos del cine, con momentos tan defectuosos en el guion que más bien parece película que se fueron inventando conforme transcurría (el guion es del propio Rodríguez). Es algo así como una mejenga futbolera entre jugadores frescamente embriagados: a lo que salga.
Asombra la acumulación de estupideces y de lugares comunes que se da en este filme con el “cuenterete” de que es una sátira –¡vaya!– en contra de la discriminación de los latinos en Estados Unidos y en contra del racismo. Mentira. Dentro de su constante estulticia, esta cinta no afirma nada, no tiene contenido alguno, ni tesis ni hipótesis y corre sin planteamiento alguno.
Ergo, dirían ustedes, se trata de un entretenimiento. Ni eso. Es el mismo chiste a lo largo de más de 100 minutos, con un argumento tan tonto que aburre y con tantas malacrianzas que cansan más que un concierto de eructos. Sangre a borbollones, con razón o sin ella; cabezas macheteadas por el gusto de filmarlas (el gusto de Robert Rodríguez, nada más); balaceras sin ton ni son, menos eficaces que mordeduras de zancudos; sexo y semidesnudos sosos, que no sugieren ni invocan nada: ni erotismo ni pornografía.
Por momentos quiere ser irreverente. Quiere serlo a costa de la religión, pero de manera tan burda que no provoca ni un avemaría.
De su mala actuación se guindan todos por igual: Robert de Niro, desarticulado; Jessica Alba, frívola; Steven Seagal, ridículo; Michelle Rodríguez, pura pose; Lindsay Lohan, tosca; Don Johnson, inútil. A lo sumo, darle algún mérito a Cheech Marín. Con ellos, se arma la historia de un agente policial de calidad súper, prácticamente inmortal, que con un machete es capaz de conquistar la antigua Cartago antes que las legiones del imperio romano.
No nos engañemos, la violencia de esta cinta es éticamente perversa, con un evidente gusto por ella y ruidosa agresión a los sentidos. Eso lo podemos pasar por alto, lo que no se puede ignorar es que se cobre un boleto para ver este filme, cuyo lugar natural es un basurero: cine basura, se le dice,