
En el trajín de escribir críticas, no más ayer, a propósito del filme
A propósito del estreno del filme de acción
La historia es tan simple como pasar un hilo delgado por una aguja cuyo ojo sea del tamaño igual al de una lechuza. Se trata de Balthazar, hechicero en el Manhattan de nuestros días, quien debe defender a Estados Unidos no de un ataque terrorista ni de una invasión alienígena, sino de su archienemigo Maxim. Lo único es que Maxim logra acumular en él fuertes poderes.
Ante ello, Balthazar no puede enfrentarlo solo, así que recluta a Dave Stutler, chamaco dedicado al estudio de la Física y con evidentes poderes mentales, que lo denotan como especie de nigromante que une la magia con la ciencia. Balthazar le da al joven un curso intensivo en el arte de la magia. Luego, juntos deberán vencer a las fuerzas del mal, o sea, a Maxim y otras sorpresas por ahí.
Está claro, Dave es el aprendiz de brujo y –con él– el filme se permite rememorar aquel inolvidable pasaje de la película
Peor que la banda sonora es la actuación de Nicolas Cage, como Balthazar, a quien le aplaudimos su sinceridad para demostrar que es actor con suerte: ¡tan malo y tiene trabajo! Igual mala brujería corre el joven actor Jay Baruchel y solo se salva el siempre funcional actor inglés Alfred Molina, como Maxim.
¿Qué queda? Aparte de la hechicera belleza de Monica Bellucci, solo queda un cansado ir y venir de efectos especiales cada vez que los brujos se enfrentan, y esto sucede a cada rato, tanto que uno se aburre con este aquelarre reiterativo, con su relato confuso, el desorden de imágenes y ese montón de ingredientes que nunca le dan al filme un sabor único. La “peli” se asemeja a un domingo siete.