William Venegas. 5 octubre, 2019
Como real sentimos a Guasón por la actuación de Joaquin Phoenix. Fotografía: Rola para LN.
Como real sentimos a Guasón por la actuación de Joaquin Phoenix. Fotografía: Rola para LN.

Pese a los esfuerzos de algunos sectores que gustan de impulsar una mejor lectura del cine y de discriminar las distintas significaciones de las imágenes en movimiento, lo que se impone hoy –triste realidad– es la percepción comercial del cine como espectáculo.

Así, el afán de convertirlo todo en mercancía es lo que predomina por ahí ante una película de calidad al menos dialéctica o polémica y de la cual no podemos ignorar sus aciertos.

Sí, hablo de Guasón (2019), filme dirigido con sapiencia por Todd Phillips, de quien recuerdo con admiración su inteligente sátira con el título de Amigos de armas (2016). El barullo alrededor de Guasón es el que, de manera inoportuna, se manifiesta igual con las películas de superhéroes (más en serie que en serio).

Sin embargo, al separar la paja del trigo, uno va descubriendo virtudes fílmicas que –sin duda– se gestan desde el guion del propio Phillips, junto con Scott Silver. No estamos ante una película que uno pueda catalogar de original, lo cual no es cuestionamiento alguno, porque sus méritos están en el excelente tratamiento de su historia.

En lo personal, Guasón me recordó dos excelentes filmes como lo son Taxi Driver (1976) y Hardcore (1979). Lo cierto es que estamos ante un personaje que es la voz particular de lo general, de una sociedad enfermiza, inescrupulosa, individualista, consumista y dominada por políticos de oficio.

La nuestra es una sociedad hiriente con aquellos que más necesitan de la solidaridad. Por eso, se vale la pregunta del neuropsiquiatra francés Boris Cyrulnik: “¿Cómo amar cuando uno está herido?”; este es tema unificador de la trama del filme (su foco).

Al Guasón es posible verle la herida abierta que los medicamentos no sanan emocionalmente. El mandato de su madre es el de hacer felices a los otros, pero en lo profundo de la emocionalidad del Guasón hay un drama interno. El personaje se halla marcado por el signo de la crueldad de que es objeto.

La suya es una historia de pobreza, rechazo y abuso; cuando él vive una situación de felicidad, esta se le manifiesta tan solo en el mundo de la imaginación, en el ámbito de su locura (concepto narrativo de la película muy bien manejado).

Las carcajadas patológicas del Guasón pueden interpretarse como un oxímoron neuronal, que ocurre cuando en situaciones adversas alguna gente expresa risa. Ese rasgo se asemeja a la violencia estructural por la que se sienten explotados los ciudadanos de Ciudad Gótica (símil de Nueva York) y que se revierte en violencia de turbas disfrazadas de payasos.

Aunque en un callejón se alude a la figura de quien será Batman, lo cierto es que Guasón tiene una narrativa con sentido completo en sí misma: no hay necesidad de establecer ningún tipo de referencialidad externa.

El lenguaje fílmico que uno puede desglosar (actuaciones, montaje, banda sonora, fotografía, montaje, dirección de arte, etc.) tiene un logro unívoco: darle al filme el código de una épica clásica y evitar la banalidad de un cómic sin significado alguno. Es lo que mejor logra su director.

Ficha técnica

Título original: Joker.

País: Estados Unidos, 2019.

Género: Drama.

Director: Todd Phillips.

Elenco: Joaquin Phoenix.

Duración: 118 minutos.

Cines: Cinemark, Cinépolis, Nova, CCM, Studio, San Pedro.

Calificación: Cinco estrellas de cinco posibles.