No se trata solo de asuntos éticos en ciencia y tecnología; va más allá, hacia el poder de la inteligencia artificial

Por: William Venegas 27 abril, 2016
Es Ava. La actuación de Alicia Vikander es base de la trama en ciencia-ficción. ROMALY PARA La Nación.
Es Ava. La actuación de Alicia Vikander es base de la trama en ciencia-ficción. ROMALY PARA La Nación.

En el cine, el género fantástico se sustenta de dos expresiones: el terror y la ciencia ficción o fantaciencia. En ambos casos, el enigma posible (núcleo del relato) se codea entre dos conceptos: lo real y lo irreal.

La ciencia ficción gusta más de colocar situaciones en futuros posibles o en el llamado presente histórico para, desde ahí, expresar conceptos de validez actual dentro del afán investigativo de la ciencia.

Por ahí va una buena película, que sabe escalonar el suspenso con el misterio para indagar en un temor: el papel de la inteligencia artificial y de su poder en el desarrollo de la humanidad.

Se trata de Ex-Machina (2015), filme dirigido con astucia morosa por Alex Garland.

La trama nos coloca ante Nathan (Oscar Isaac), programador multimillonario, quien selecciona a Caleb (Domhnall Gleeson), joven empleado de su empresa, para que pase una semana con él en las montañas con el objetivo de hacerle un test a Ava (Alicia Vikander), robot-mujer con inteligencia artificial.

Conforme transcurre el relato, sin prisa alguna, hay más claridad en lo que el filme nos quiere decir. Lo hace también con diálogos inteligentes; entonces, el misterio crece al igual que el suspenso, tenso como jugar naipes en una mesa donde todos tienen ases en sus manos (escribió alguna vez Raymond Chandler).

Una y otra vez, la trama sabe abrirse con distintos puntos de giro para sumar diferentes expectativas o atenciones en el espectador. Uno lo agradece. Es como estar leyendo un buen libro policial cargado de ciencia ficción o, si quieren, al revés.

Por momentos, lo sucedido parece extraño y lo irreal es de pronto muy real. Lo turbio cambia a necesario y lo necesario pasa a ser ridículo. Todo es cambiante: lo que ahora se ve de una manera, luego se entiende con otro dejo.

De esa manera, dentro de la morosidad ritual del relato, incluso dentro de cierto estilo teatral, Ex­Machina , como película, encuentra su propio dinamismo dramático, a lo que contribuyen las acertadas actuaciones del elenco, sobre todo la de la actriz sueca Alicia Vikander con su belleza enigmática.

Los efectos visuales no solo son elegantes: son afortunados en lo visual y son excelentes para ubicarnos en la atmósfera que exige el relato, dentro de ese mundo contradictorio de la investigación científica y tecnológica.

Podemos aceptar que el tema o el argumento pueden no ser novedosos; sin embargo, el tratamiento dado por el director Alex Garland es de una calidad superior a la común: aquí nada es lo que parece y todo resulta distinto; es miel con veneno. Ex­Machina : película recomendada.