Los estudios más serios sobre lo narrativo vienen desde la Poética de Aristóteles, donde ya se planteaba el concepto estético de mímesis o mimesis. Desde entonces, se denomina así a la imitación de la naturaleza como fin esencial del arte.
Pegaditos a esa tradición, podemos hoy trasladarnos y decir que el cine imita a la vida, sobre todo si aceptamos que imitación, remedo y representación son sinónimos aceptables del término mimesis. Así como el folklorista ruso Vladimir Propp fue quien reavivó el interés por lo narrativo más allá de una simple cuestión de sintaxis, en estos días han sido los estudios Disney quienes han convertido el hecho narrativo en una muy productiva mercancía, ¡y gracias al cine!
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Dirigida con eficacia por Josh Cooley, ahora su nueva película Toy Story 4 (2019), confirma la maña de la cofradía Disney para ir adelante con su empeño boletero: el de repetirse al plantear hoy con actores reales los filmes animados de ayer y el establecer secuelas que parecen no agotarse.

Así, cuando todos creíamos que la película Toy Story 3 (2010), proyecto magnífico dirigido por Lee Unkrich, cerraba esa exquisita saga que, en 1995, abrió pasó a la animación por computadora, entonces con el título en castellano de La historia del juguete, he aquí que Disney (Pixar) es capaz de ponernos de nuevo en tensión.
La tercera entrega fue un final perfecto para una saga como esta: no había razón aparente en hacer una cuarta entrega. Sin embargo, no hay mejor aderezo que la carne sobre el hueso y uno debe aceptar que Toy Story 4 no solo es una jugada más de Disney, sino que también es una muy buena jugada.
El problema de este filme es que mira demasiado hacia atrás para narrar una nueva historia, o sea, nos cuenta algo que intenta ser distinto, pero no lo logra del todo porque para avanzar lo hace, en muchas secuencias, con los ojos en la nuca.
Es como pierde su virginal novedad. Si no fuera por un nuevo y simpático personaje llamado Forky, quien cada vez se siente más basura que juguete, por lo que le encantan los basureros, la sensación de algo ya visto sería más fuerte.
Definitivamente, Forky viene a salvar la tanda. Por supuesto que ya no aparece Andy; ahora, el personaje humano con quienes los juguetes vivirán tremenda aventura, con mucho lío, con algo de pequeño terror y con buen humor, ese personaje humano es la pequeña y distraída Bonnie.
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Con un excelente comienzo diluvial (lo mejor del filme), Toy Story 4 logra mantener sus logros formales, aunque su trama tiende a entreverarse –por momentos– sin necesidad alguna y por exceso de intensidad (hasta se puede pensar que hay demasía en la cantidad de personajes con alguna situación protagónica).
Toy Story 4 es filme que hay que ver, amén de que es probable que el asunto siga: como lo dice ahí la bella Bo, juguete con arte de porcelana, “siempre hay un niño para un juguete”. Ah, el último chiste está después de los créditos finales (cuando lo vi, quedábamos cuatro gatos en la sala).
- Ficha técnica
- Título original: ‘Toy Story 4’
- Estados Unidos, 2019
- Género: Animado
- Directora: Josh Cooley
- Elenco: Animado
- Duración: 100 minutos
- Cine: Cinemark, CCM, San Pedro, Cinépolis, Citi, Nova, Studio
- Calificación: Cuatro estrellas de cinco posibles