
Uno se queda sorprendido del tratamiento que recibe el cine alternativo en las salas comerciales del país. Sin anunciarse, de pronto, se exhibe una cinta de profundo calado humano, de sobriedad formal, pero con dominio del arte de narrar con imágenes en movimiento. Es el caso del filme argentino
Pues bien, esta película de emociones sentidas, introspección cálida en el alma humana, se exhibe en el país solo en funciones nocturnas: una a la 9 p. m., en Cinépolis de Tres Ríos, y otras dos en Cinemark de Escazú, a las 7:30 y a las 9:45 p. m. Nada más. Es cine escondido y, en este caso, sea esta crítica una advertencia oportuna para la cinefilia que apetece del cine de repertorio.
El guion es del propio director, basado en una novela de Diego Dubcovsky, donde se relata la historia de Marcos y Susana, dos hermanos que rondan los 60 años de edad y quienes viven en un continuo y cómico enfrentamiento, sobre todo por las vivas opiniones de parte de la hermana.
El hermano se ha dedicado más tiempo a cuidar a su madre anciana, por lo que se regresó de Madrid. Cuando la madre muere, los hermanos (ella y él) se ven forzados a mirarse en sus condiciones, en sus cariños y en sus diferencias. Deciden alquilar una casa en Uruguay, sin abandonar sus raíces argentinas.
Entre más juntos estén, más se percatan de que sus vidas y temperamentos son del todo distintos, y ello nada tiene que ver con sus condiciones de hombre y mujer. Esto sucede, precisamente, cuando se ven obligados a afianzar su relación, a compartir sus vidas sin dejar de hacer y ser cada uno lo que quiere.
La hermana, Susana, tiene una personalidad fuerte y llena de delirios de grandeza, lo que la obliga a vivir –incluso– de manera engañosa, ante los demás y ante ella misma. El hermano, Marcos, es un orfebre culto y sensible, ahora metido de lleno en el fenómeno de entender el teatro como metáfora de la vida, a partir de una escenificación vanguardista de la tragedia
Como dijo alguien, en ese momento, los hermanos vivirán de manera tal que no sabrán estar juntos ni separados. Es cuando la película, con su tratamiento, resulta capaz de profundizar en la vivencia de los hermanos con sentido de conveniencia: ora se adentra en su argumento con cariño por sus personajes, ahonda, y luego apenas flota para evitar caer en actitudes cursis.
Como espectador, uno se ve atrapado por la expresión visual que el filme logra de la conducta humana, de las relaciones amorosas, de la vejez y del papel del arte en la vida de cada quien (la orfebrería y el teatro). La historia de este largometraje es totalmente creíble, sentida y asimilada gracias a las extraordinarias actuaciones de tres grandes del cine y del teatro: Antonio Gasalla, Graciela Borges y Omar Núñez (los dos primeros como los hermanos en cuestión).
La fotografía busca los tonos más cercanos a los estados de ánimo de los personajes, para contribuir al buen diseño de ellos. No sucede así con la música, que se siente a la deriva, a veces inoportuna, sin una relación intrínseca entre la imagen y las melodías de la banda sonora.
El filme evita la altisonancia para adentrarnos en el ánimo de los personajes. Esto lo logra el director Daniel Burman con el buen manejo de las situaciones divertidas en correlación con la expresión dramática de sentimientos, es parte de la melancolía que se siente en el filme para hablar de algo que todos debemos vivir de manera ineludible: la vida misma.