Filme inglés echa su suerte con los pobres de Brasil

Por: William Venegas 14 junio, 2015
Paradoja. Algunos de los méritos dramáticos del filme Desechos y esperanza son también sus fallas, pero vale la pena verlo según la crítica. ROMALY PARA LN.
Paradoja. Algunos de los méritos dramáticos del filme Desechos y esperanza son también sus fallas, pero vale la pena verlo según la crítica. ROMALY PARA LN.

Sucede: hay películas que subrayan tanto sus propias virtudes que, más bien, terminan por diluirse sin llegar al desplome. Este es el caso de un filme generoso en cuanto a sus intenciones, ahora en cartelera. Se titula Desechos y esperanza (2014).

El filme es inglés, su título original es Trash y viene de la mano de un director un tanto irregular: Stephen Daldry, más conocido por sus películas Billy Elliot (2000), Las horas (2002) y El lector (2008).

Aunque del Reino Unido, el argumento acontece en Brasil, en ese universo marginado de los pobres, quienes intentan subsistir en los basureros de Río Janeiro, donde la miseria resulta seria ofensa al mundo civilizado: es discurso a tumba abierta contra la pésima distribución de la riqueza.

Para acentuar sus posiciones dramáticas, sus personajes son tres niños, a quienes se les agrega luego una niña.

La mirada del mundo ofrecida por este drama parte de ellos, hundidos en la más vil pobreza. Si se quiere, es una manera metódica de tocar las fibras solidarias del espectador.

Trama. Cuando dos de esos niños se encuentran una cartera en un vertedero, tirada por un hombre que lucha contra la corrupción política, torturado y asesinado, esos niños y sus amigos se convierten en objetivo de la policía corrupta y de los políticos burgueses de oficio.

Como ven, lo que el filme Desechos y esperanza dice –con su trama– es directo: no hay grises. Su argumento es válido en términos éticos y sociológicos; sin embargo, desde un criterio artístico, como se plantean (con tanto énfasis), esas consideraciones ideológicas atenúan el proceso dramático de la película.

Si el filme se sostiene y puede ser recomendado, se debe a la habilidad de su director para darle calor a aquellas secuencias entre la acción y el sentimiento, y por el arte de Adriano Goldman con la fotografía, lo mejor.

Contrastes. Visualmente y con su montaje corto, la película busca su identidad e, igual, logra que el espectador se sienta identificado con lo que sucede: el gran paisaje de la pobreza en contraste con la riqueza de los políticos.

Se muestra de manera fiel, pero con subrayado innecesario. Recordemos que es bueno el culantro, pero no tanto.

También hay secuencias intimistas; empero, si no son tan buenas, tal vez sea porque la dirección de actores no es la mejor o porque el exceso de música bulliciosa invade y desmejora estas secuencias.

Aún con tales observaciones, es obligatorio señalar que Desechos y esperanza , con su arquitectura fílmica, es cine que privilegia la búsqueda de la autenticidad. Este tipo de cine ambiciona decir algo importante: busca llamar nuestra atención ante una sociedad construida a imagen y beneficio de los más poderosos intereses.

Por eso mismo, no se debe colocar esta película en una especie de tubo de ensayo ni verla de manera inmovilista, por más que uno le señale ciertas debilidades formales o narrativas.

Más que analizar este filme como texto en sí mismo, es generoso sentir la atmósfera que ofrece la película como doloroso tejido, porque dicho tejido es más que contexto de una ficción: ¡es verdad! Ahí les queda.