William Venegas. 4 noviembre, 2019
Sarah Connor une todas sus fuerzas con una mujer cyborg para proteger a una joven de un extremadamente poderoso y nuevo Terminator. Crédito: 20th Century Fox
Sarah Connor une todas sus fuerzas con una mujer cyborg para proteger a una joven de un extremadamente poderoso y nuevo Terminator. Crédito: 20th Century Fox

La principal característica del cine industrial de Hollywood es la ausencia. Así es. Hablo de la ausencia de talento para crear nuevas historias, para incentivar el proceso de conocimiento sobre la realidad desde la ficción y darle rienda suelta innovadora a la sinapsis (cuando las neuronas juguetean entre ellas).

El cine-industria de Hollywood se ensucia las manos con el mismo barro, que no es el de la percepción inteligente.

Como una prueba más de esto nos llega ahora la película Terminator: Destino oculto (2019), dirigida con esmero formal por Tim Miller. Ello es lo que salva a la película del hundimiento: su capacidad para mostrarnos los más sorpresivos efectos visuales una y otra vez, plano a plano, secuencia a secuencia.

En esto de los efectos especiales, Terminator: Destino oculto tiene la gracia del maromero: la de dar brincos en el aire sin pegar el trasero al suelo. Por supuesto que el avance tecnológico de Hollywood le permite darse ese gusto con los efectos especiales, es el fino ornamento que busca ocultar el vacío conceptual.

Los efectos visuales más los juegos con los tiempos narrativos (pasado y futuro conjugados en un presente histórico) son la esencia narrativa de una historia que ya tuvo sus antecedentes y que comenzó en 1984. La película de hoy es secuela directa de Terminator 2: El juicio final (1991), dirigida por James Cameron.

Como no es película innovadora, aunque las actrices le dan cierto plus de calidad con sus buenas actuaciones, Terminator: Destino oculto busca su éxito boletero (dolarizado) con una lógica entre lo familiar de la historia y la sorpresa de lo formal.

Así se cumple la sentencia de Derek Thompson, editor de la revista The Atlantic, quien anota que los consumidores son a la vez neofílicos (curiosos por descubrir cosas nuevas) y profundamente neofóbicos (temerosos de lo demasiado nuevo). Esa es la dialéctica entre lo familiar y lo nuevo, algo que se rompe con el exceso de lo mismo y de lo mismo.

Puede ser novedoso que ahora, en Terminator: Destino oculto, sean tres mujeres (personajes) las que unen fuerzas frente al sujeto exterminador: Sarah, Grace y Daniella, y sucede mientras Grace grita algo muy de nuestro días: “¡Nadie les dio permiso de tocar mis partes privadas!”; cibernéticas o no, humanas o no, son mujeres empoderadas.

Ojalá esta sexta película sea la última de la saga (1984, 1991, 2003, 2009, 2015 y 2019), que esto ya va siendo la misma vaca, pero sin las patas de atrás, y no es justo ver cómo Arnold Schwarzenegger se desinfla como actor y cómo Linda Hamilton en esta serie ya es flor que no huele. Ojalá se nos conceda.

Ficha técnica
  • Título original: Terminator: Dark Fate
  • Estados Unidos, 2019
  • Género: Ciencia-ficción
  • Dirección: Tim Miller
  • Elenco: Linda Hamilton, Arnold Schwarzenegger, Natalia Reyes
  • Duración: 128 minutos
  • Cines: Nova, Cinépolis, CCM, Cinemark, San Pedro, Studio
  • Calificación: TRES estrellas ( * * * ) de cinco posibles