William Venegas. 14 enero
Foto: Claire Folger/Warner Bros Un hombre de 88 con problemas económicos acepta trabajar transportando droga para un cartel mexicano en Illinois. Con el dinero fácil que obtiene trata de ayudar a sus familiares, pero un agente de la DEA le sigue la pista.
Foto: Claire Folger/Warner Bros Un hombre de 88 con problemas económicos acepta trabajar transportando droga para un cartel mexicano en Illinois. Con el dinero fácil que obtiene trata de ayudar a sus familiares, pero un agente de la DEA le sigue la pista.

Sin aspavientos, como le es tradicional con las películas que dirige (actúe o no), Clint Eastwood se aferra a su estilo habitual de hacer cine para darnos lo que siempre nos da: buenas películas. Ahora nos llega con el filme titulado La mula (2018), que confirma lo que sabemos de él y la razón por la que lo admiramos.

Eastwood retoma una de las cuestiones que más méritos le han dado en el sétimo arte: las aristas variables de la vejez, asunto que le permitió realizar una de las mejores películas de la historia fílmica: Los imperdonables (1992).

Ahora, en lugar del viejo vaquero pistolero de aquella película, tenemos a un octogenario que se mezcla con la mafia para transportarle drogas de un lugar a otro. En lugar del caballo, esta vez es un auto. En lugar de las praderas del Oeste, ahora son las carreteras modernas.

La mula, al igual que Los imperdonables, sabe –incluso– darle lugar al absurdo, donde las circunstancias son quienes van empujando al personaje principal, mientras los mafiosos son los retratos que permiten darle a la película cierto tono de tragedia. Esto sucede por encima del buen humor presente en algunas secuencias.

Otro referente para La mula es Gran Torino, que Clint Eastwood nos dio en el 2008. Es así porque la intensidad narrativa surge desde la quietud del propio relato, porque la destreza técnica se expresa desde la mesura formal y la fuerza visual salta desde un estilo narrativo del todo clásico.

Foto: Claire Folger/Warner Bros Un hombre de 88 con problemas económicos acepta trabajar transportando droga para un cartel mexicano en Illinois. Con el dinero fácil que obtiene trata de ayudar a sus familiares, pero un agente de la DEA le sigue la pista.
Foto: Claire Folger/Warner Bros Un hombre de 88 con problemas económicos acepta trabajar transportando droga para un cartel mexicano en Illinois. Con el dinero fácil que obtiene trata de ayudar a sus familiares, pero un agente de la DEA le sigue la pista.

En eso último, en La mula, Eastwood es consecuente con su arte, donde se valora el entramado dramático por encima del envoltorio formal. De ahí, su relato estructurado de manera excelente, el logrado perfil de sus personajes, las buenas actuaciones, el buen papel de la música y la habilidosa densidad del contenido: clasicismo puro, o sea, sin esteticismo hueco y sin fórmulas efectistas.

Al respecto, leamos este texto escrito por el propio Clint Eastwood: “La otra noche estaba viendo una película que tenía muchos planos estupendos, pero me distraían continuamente de la historia. Evidentemente era un director que quería hacerse notar a toda costa; por eso, no podía concentrarse en contar la historia, solo en hacerse notar.”

Así podemos entender el magnetismo presente en La mula y su exclusiva naturaleza estética. Clint Eastwood, podríamos decir, es discreto tras la cámara para que nosotros nos fascinemos ante ella y ante la pantalla donde veamos la película. Para terminar este comentario, cedo la palabra al magnífico crítico de cine argentino Emiliano Fernández, quien apunta: “La mula es otro autohomenaje maravilloso de un artista incomparable que se mantiene firme a un modelo de cine ya casi extinto que privilegia la paciencia y la sinceridad por sobre la pompa narrativa actual”.

  • Título original: The Mule
  • Estados Unidos, 2018
  • Género: Drama
  • Dirección: Clint Eastwood
  • Elenco: Clint Eastwood, Bradley Cooper
  • Duración: 116 minutos
  • Plataforma: Nova, Cinépolis, CCM, Magaly
  • Calificación: CINCO estrellas ( * * * * * ) de cinco posibles