William Venegas. 17 septiembre, 2017
Tom Cruise (camisa roja al centro) destaca como en sus mejores tiempos como Barry Seal.
Tom Cruise (camisa roja al centro) destaca como en sus mejores tiempos como Barry Seal.

Un motivo de entusiasmo nos da la película Barry Seal: Solo en América (2017), dirigida de manera eficaz y convincente por Doug Liman. Ese entusiasmo viene de encontrarnos con el actor Tom Cruise como en sus mejores tiempos, como si ya hubiese superado el bache en que había caído (incluso, "enmomiado").

Difícil personaje este que le toca encarnar a Cruise: el de un tipo sin recatos que se mueve por dinero, mercenario entre gente con menos escrúpulos todavía, como lo son los narcotraficantes colombianos, la agencia de seguridad de Estados Unidos (CIA), los altos políticos de ese país y la contrarrevolución nicaragüense.

Dicho personaje, quien fue asesinado en su momento, se llamó Barry Seal, piloto de vuelos comerciales, reclutado por la CIA para hacer planeos de reconocimiento fotográfico de los grupos revolucionarios armados en Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, a los que la CIA califica como "avance comunista en Centroamérica".

De alguna manera, no tan clara en el filme, esos vuelos quedan emparentados con el trasiego de drogas del cártel de Medellín. De esto se aprovechan las autoridades políticas estadounidenses para conseguirle armas a la "contra" que intenta botar del poder a los sandinistas, quienes han derrocado a Somoza en Nicaragua.

Todo ello sucede entre figuras que van desde Pablo Escobar, Ronald Reagan y Oliver North a otros tantos. De ese berenjenal político, bélico y de drogas, Barry Seal obtuvo buenas tajadas de dólares por su cinismo y, de alguna manera, por su intrepidez. Esto le permite a la película mostrar la ambivalencia ética de muchos personajes, no solo la de Seal.

Doug Liman maneja el filme con aciertos visuales y de texturas que cambian conforme vemos el discurrir de los acontecimientos. Ciertamente hay una trama; sin embargo, con la complicidad del guionista Gary Spinelli, el director la supedita a lo que le acontece al piloto una y otra vez, a eso y a las contradicciones que desde ahí se le generan, incluso de carácter familiar.

Es cuando el filme va asumiendo la dureza de la crítica sin tapujo alguno, sin ponerle azúcar ni otro buen sabor. Esa crítica ha de herir a algunos, supongo, pero se evidencia como manifiesto social muy valiente, capaz de meterse entre los vericuetos económicos y, de aquí, a los asuntos políticos que se dan en "América", o sea, en este caso, Estados Unidos.

Para lograr sus propósitos, el filme se mantiene como el drama de un personaje sin ética alguna y cuyo único afán es llevar más y más dinero a sus arcas, "se lleve a quien se lleve entre las patas" con su accionar y, atención, aunque él mismo sea la víctima de sus juegos. Aquí es cuando Tom Cruise crece y crece como actor.

De alguna manera, este filme es antecedente histórico de los hechos que vimos en otra película importante: Matar al mensajero (2014), de Michael Cuesta, que narra la vida del periodista Gary Webb, quien evidenció la relación de la CIA y de la Casa Blanca con el narcotráfico, igual, para cambiar drogas por armas para la "contra" nicaragüense.

Pese al elevado tono ideológico de Barry Seal: Solo en América, esto no afecta el fluir de la película, que igual pasa de drama a sátira corrosiva. Como glosa: contarles que Tom Cruise no aceptó dobles para esta película, ni siquiera para las peligrosas secuencias de aviones en el aire, que él piloteó.

(Video) Cartelera LN: 'Barry Seal', 'Duro de cuidar' y 'El caso de Cristo'

Ficha técnica

Título original: American Made

Estados Unidos, 2017

Género: Drama

Director: Doug Liman

Elenco: Tom Cruise, Sarah Wright

Duración: 115 minutos

Cines: Cinépolis, CCM, Nova, Cinemark

Calificación: Cuatro estrellas de cinco posibles