
Al irla viendo, pensaba que la película
La película es más de lo mismo con los astutos mamíferos roedores Alvin, Teodoro y Simón, acompañados de sus tres parejas a imagen y semejanza. Esta vez, ellos y ellas van a un nuevo concierto mientras cantan (también) más de lo mismo; de pronto, por una travesura de Alvin, van a parar a una supuesta isla desierta, especie de isla del tesoro, que –después de todo– no estaba tan solitaria.
Tal vez me equivoque cuando digo que en esta cinta tenemos “más de lo mismo”, o sea, de lo que ya hemos visto con estas ardillas en otras películas. Es más exacto decir que sucede menos y es todavía más puntual decir que no sucede casi nada. Aquí, la trama es como una especie de radiografía del hombre invisible o de la ardilla invisible, como quieran.
Por esa ruta, el argumento de
Este es un filme sin emociones, si acaso para los niños más niños, filme que roza la comedia de costumbres mediante los atractivos mamíferos del caso (ellos 3 y ellas 3), que –por la gracia del cine– se mueven y gesticulan, mientras no lo hacen en las vitrinas de las tiendas o en las repisas de las habitaciones de algunos niños o niñas. La diferencia es solo esa.
El filme procura hablar sobre algunas responsabilidades ante la vida y por ahí se pierde, con una puesta visual oxigenada tan solo por el febril movimiento de sus personajes y ¡pare de contar! Las actuaciones de los de carne y hueso son tan malas como pegarle a una ardillita cariñosa “por vara”. Pésimos histriones.
Con
No hay ritmo en la (casi) intriga, no hay puntos de giro, no hay “nudos” narrativos para alentar alguna emoción especial, prácticamente solo el blablá de los animalitos, por lo que la película resulta más escurridiza que el tránsito de los propios roedores. Nada queda por resaltar.
Aquí no hay inspiración ni infusión de ningún tipo o especie. Lo único que agradezco, y bastante, es que no venga en 3D. Este filme pierde su gracia a los pocos minutos, por lo que no veo ni encuentro una sola razón, ¡ni una!, para recomendarles esta película, ni por la cola de una ardilla.