
El cine de Woody Allen nos llega por cuentagotas. Para los distribuidores, desde sus escritorios, el nuestro no es un buen mercado para los filmes de este interesante y valioso autor de películas. Para ellos, a Centroamérica –en general– le bastan las cintas bullangueras de acción o animadas en 3D.
Hoy sí, ayer no, mañana quién sabe, lo cierto es que, para estar atentos a la filmografía prolífica de Woody Allen, tenemos que recurrir a otros medios distintos a la pantalla grande. Esta vez nos ha llegado su comedia
Sin llegar a ser “nuevo”, casi imitándose a sí mismo, Allen demuestra (por enésima vez) que es un magnífico narrador (en cine). Sus obras, por más abiertos que sean sus finales, cierran perfectamente y nunca pierden su coherencia interna. Si me permiten una imagen, diría que el señor Allen es un excepcional titiritero con sus personajes y, con ellos, desplaza la trama por distintos subtemas.
De esa manera, exactamente, es que la narración del filme
El filme se ubica como comedia. Comedia amarga, debemos añadir, porque este es su aliento narrativo. Debemos ir al cine sin esas posiciones inmovilistas en que, a menudo, caemos los críticos, para –así– ser seducidos por la sensibilidad cinematográfica y el virtuosismo narrativo presentes en
La historia parte de la frustración de una pareja de años. Él se marcha para buscar un “amor” más joven. Lo encuentra en una prostituta medio loca que lo exprime. La esposa se pone en manos de una esotérica adivinadora del futuro y, desde esta percepción idealista, encontramos –poco a poco– el realismo de las vidas incompletas, que buscan “algo” en nuevas relaciones de pareja.
Hay una toma extraordinaria: un joven esposo en crisis ve, desde la habitación de su bella amante, el cuerpo de su esposa mientras esta se cambia de ropa. De nada vale el anhelo por lo que se ha dejado. Alguna crítica ha vapuleado a Woody Allen por la falta de originalidad en
A propósito, repito la expresión dicha por el francés Jean Renoir, cuando señalaba: “Los grandes directores emplean toda su vida haciendo una y otra vez la misma película”. Aún así, estos directores –más bien, autores– se colocan muy por encima de la medianía presente en el quehacer cinematográfico de hoy.
¿Qué Woody Allen repite el pesimismo y el cinismo existenciales de su trayectoria? Es cierto, pero' ¿hay razones para no hacerlo? Más bien, ¿no hay un deterioro agudo y moderno de la conducta humana? Lo que sí le agradezco al señor Allen es que siga privilegiando la búsqueda de autenticidad sobre la construcción de efectos especiales, propios del cine burdamente comercial.