Regresan a la pantalla grande los conocidos personajes que, en su primera oportunidad, se escaparon de un zoológico neoyorquino, ¿se acuerdan? Pues sí. Iban para África; sin embargo, por las jugarretas de ciertos famosos pinguinos, terminaron en Madagascar.
Fue en el 2005.
En su segundo viaje, nuestros amigos caen en África, literalmente, cuando la idea era volver a Nueva York. Todo por culpa del avión reparado por los pinguinos. Allí, el león Álex conoce a su familia y más miembros se suman a la tropa animada. Esto sucedió en el 2008.
Ahora, nuevamente la pandilla zoológica busca regresar a Nueva York, con un viaje que los lleva por distintos lugares de Europa y los hace sumarse a un circo de segunda, que nuestros héroes convertirán en uno de primera clase.
Está claro, estamos hablando de la película
Lo que nos ofrece ahora
Es raro, uno tiene la sensación de que en la película pasan muchas cosas. Es porque se trata de un filme animado en exceso, híper, con sobreabundancia de imágenes y de un ritmo frenético (enorme trabajo en la sala de montaje: “edición”). Mas, a la hora de la verdad, entendemos que no ha sucedido nada especial y el filme se repite como quien cuenta el mismo chiste, pero con diferentes ademanes.
Eso nos lleva a concluir, fácilmente, que
De ahí esa inflexión de intensidad febril y –a la vez– superficial, tan liviana como las palomitas de maíz y tan desordenada como un desfile de pollos sin cabeza o de chompipes emborrachados.
Lo cierto es que, con
Como suele suceder, tiene guiños cinéfilos para entrampar a los adultos. Sin embargo, como el relato va tan atropellado, no hay tiempo para degustarlos todos. Lo inaceptable es el descaro con que la trama se plagia a sí misma, para consumo instantáneo y olvidable. Se queda sin nuestra recomendación.