
Bajo el quiosco del Parque Central, donde hoy se proyecta se construirá una cafetería, funcionó durante más de dos décadas la Biblioteca Carmen Lyra. Ese pequeño sótano circular, inaugurado en 1971 y cerrado en 1993, fue un refugio de cuentos, teatro y talleres para generaciones de niños y niñas josefinas.
Desde el 3 de agosto, la Municipalidad de San José arrancó una remodelación que promete cambiarle la cara al espacio más emblemático del centro de la ciudad. La intervención incluye nuevos adoquines, áreas verdes con riego, mobiliario urbano, un parque sensorial, pérgolas y una iluminación que busca hacerlo más seguro para quienes lo cruzan o se quedan.
En medio de esos planos hay un detalle que toca la memoria: el quiosco no solo será restaurado, también se reabrirá su sótano para convertirlo en un café. La idea es aprovechar un espacio que estuvo cerrado y casi invisible, y darle un uso que invite a quedarse en el corazón de la ciudad.
Sin embargo, antes de que se hablara de capuchinos y mesas, ese subsuelo fue un lugar mágico. El 9 de setiembre de 1971, Día del Niño, se inauguró ahí la Biblioteca Infantil Carmen Lyra, la primera biblioteca municipal pensada específicamente para la niñez.
La entrada era discreta: una puerta en el quiosco y unas escaleras hacia abajo. Al final del descenso, una sala circular protegía del ruido, la lluvia y el tráfico. El nombre rendía homenaje a María Isabel Carvajal, Carmen Lyra, autora de Cuentos de mi tía Panchita y figura clave en la educación costarricense. No era casualidad, pues el lugar se concibió como un refugio de historias y curiosidad.
Para muchas familias de los años 70 y 80, bajar aquellas escaleras era entrar en otro mundo: uno más silencioso, amable y seguro que la ciudad que rugía arriba. Ahí, la infancia tenía un espacio propio en pleno centro, algo que hoy se recuerda con cierta nostalgia.
Sin embargo, el encanto del lugar no alcanzó para resolver los problemas que se fueron acumulando.

La humedad de un espacio subterráneo, las filtraciones y la ventilación deficiente complicaban la conservación de los libros y la comodidad de quienes lo visitaban. Además, el sitio se quedó pequeño frente al aumento de usuarios y el acceso por escaleras ya no respondía a las necesidades de accesibilidad.
Al mismo tiempo, el entorno del Parque Central cambió. Hacia finales de los ochenta y principios de los noventa, la percepción de inseguridad creció y el sótano dejó de ser visto como el lugar ideal para la niñez. Con la decisión de descentralizar los servicios y llevar las bibliotecas a otros distritos, la Carmen Lyra cerró oficialmente en 1993.
Después, el espacio se usó por ratos como galería de arte y depósito, hasta quedar clausurado.
Hoy, ese mismo sótano que guardó cuentos y dibujos se prepara para otra vida. El nuevo uso será distinto, pero la memoria está ahí: en las escaleras, en la idea de descender a un espacio recogido, en el nombre de Carmen Lyra que resuena cuando se habla de bibliotecas infantiles en San José.
Quedará en manos de quienes diseñen y operen ese café decidir si el viejo sótano de cuentos se limita a servir café o si aprovecha la oportunidad para honrar la historia que lo hizo, durante años, uno de los lugares más entrañables del centro de la capital.


