10 noviembre, 2008
 Imagen del canal de televisión ruso NTV muestra el submarino nuclear, abordo del cual murieron envenenadas 20 personas, en la base naval de Bolshoi Kamen el 9 de noviembre de 2008. Submarino ruso | AFP
Imagen del canal de televisión ruso NTV muestra el submarino nuclear, abordo del cual murieron envenenadas 20 personas, en la base naval de Bolshoi Kamen el 9 de noviembre de 2008. Submarino ruso | AFP

PARIS (AFP) Cuestión de segundos: de eso depende la vida o la muerte de la tripulación de un submarino, donde todo fallo o disfunción puede transformarse en drama en un abrir y cerrar de ojos, recordaron el domingo los expertos.

Así lo puso cruelmente de manifiesto el sábado la muerte de 20 personas por haber respirado gas freón emitido por el sistema antiincendios del "Nerpa", un submarino nuclear ruso que acababa de salir de los astilleros.

"Es bien sabido que cuando se navega en un submarino, en un espacio cerrado y atestado, se corren riesgos", explicó el capitán de navío Antoine Beaussant, jefe de operaciones de la Fuerza Oceánica Estratégica (FOST), que comanda diez submarinos nucleares franceses.

"A bordo, la seguridad de todo el mundo depende de la capacidad de cada uno de cumplir con su trabajo tras realizar ensayos casi diarios en situaciones de incendio o de entradas de agua, las dos 'pesadillas' de todo marinero de submarino", subrayó Beaussant.

Sin embargo, el comandante, que tuvo bajo su mando en el pasado a dos submarinos nucleares franceses, "Le Saphir" y "Le Vigilant", no pinta el panorama tan negro.

"Se zarpa y se vuelve tranquilos", insistió al recordar que el último accidente mortal ocurrido a bordo de un submarino nuclear francés se remonta a 1994 y en él murieron diez marineros.

Fueron víctimas de una terrible sucesión de circunstancias: una entrada de agua, sin gravedad pero espectacular, la orden de subir a la superficie inmediatamente, las máquinas a toda marcha y un conducto de vapor que explotó en el compartimento donde estaban los diez marineros.

"En caso de incendio, el principal peligro son los vapores tóxicos", continuó Beaussant.

Por eso, una vez dada la alarma, los equipos de intervención deben personarse en el lugar inmediatamente para apagar el fuego.

En ciertos compartimentos, concretamente los de los motores diésel, de las baterías o de máquinas, medios de extinción fijos completan el dispositivo y difunden, según los casos, agua, espuma o gases inertes.

Estos últimos tienen como objetivo apagar el incendio disminuyendo el porcentaje de oxígeno en el ambiente. Pero hay que evacuar a todos los miembros de la tripulación de la zona antes de emplearlos. En caso contrario, provocan asfixia, como pudo haber pasado en el "Nerpa".

"Somos muy rápidos en reaccionar porque sabemos que eso nos salvará", insistió el comandante.

El otro gran peligro en un submarino son las entradas de agua. Si son importantes, la reacción del equipo -repetida incansablemente en simulacros- debe ser un reflejo, inmediato y sin pensar.

Y es que un submarino que navegue a 200 metros de profundidad debe salir a la superficie en 30 segundos para que la entrada de agua se quede en un mal recuerdo y no suponga una catástrofe.

Respecto a la parte nuclear del submarino, el peligro es igual al que acecha a una central para uso civil. La peor pesadilla es que se produzca lo que pasó en Chernobil: fallo del sistema de enfriamiento del corazón nuclear, los reactores que se embalan, se vuelven incontrolables y entran en fusión.

"Pero por su concepción, ese riesgo nuclear es más que improbable en un submarino francés", aseguró Beaussant.

"El peligro, si es que debe haber uno, está en la seguridad clásica, es decir, un componente electrónico que se quema, y ello ocurre regularmente", explicó con ánimo de tranquilizar.

© 2008 AFP