
El afán por fabricar un teléfono más delgado y un espacio interno demasiado ajustado podrían ser las razones por las cuales explotaron las baterías del Galaxy Note 7, de la compañía surcoreana Samsung, obligando primero al reemplazo y luego a la salida del mercado de este teléfono inteligente.
Así lo determinó una investigación independiente, efectuada por Instrumental, una firma con sede en Palo Alto, California, dedicada a ayudar a otras empresas a encontrar y solucionar problemas causados por la mano de obra, la calidad de las piezas, el proceso y el diseño.
La batería de un teléfono cuenta con capas separadoras (positivas y negativas) en su interior, las cuales permiten que la energía (iones) fluya entre ellas, sin tocarse. En caso de que lo hagan, esto provocaría un calentamiento, que típicamente resultaría en una explosión.
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En la publicación de Instrumental, los analistas aseguraron que el compacto espacio dentro del Galaxy Note 7 ejercía presión sobre las capas separadoras, que se encargan de mantener la batería segura.
Si a eso se le suma algo de presión debido a la hinchazón normal de la batería tras el uso o al esfuerzo acumulado, por ejemplo que el usuario estuviera sentado con el teléfono en el bolsillo trasero, esta presión podría ser suficiente para apretar el delgado separador de las capas, hasta un punto donde el positivo y el negativo se pudiesen tocar, haciendo que la batería explotara.
Aunque la compañía surcoreana aún no ha brindado el informe de su investigación, para dilucidar qué sucedió con el aparato, desde el inicio de este incidente se mostró dispuesta a atender las dudas de los usuarios.
En octubre pasado, la empresa aseguró que el problema ocasionado con este dispositivo le costaría cerca de $3.000 millones en los próximos dos trimestres y puso su esperanza en otros de sus dispositivos, para amortiguar el golpe.
