WASHINGTON (AFP) Diez años después de ponerse en marcha, la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), un ambicioso proyecto de base orbital de iniciativa estadounidense, representa el primer trampolín para la exploración humana del sistema solar.
La ISS, que cumple 10 años el jueves, es una base espacial que órbita alrededor de la Tierra a 350 km de altura, ensamblada con el fin de facilitar la investigación científica y la exploración espacial. Se prevé que su construcción concluya para 2010.
"Es el mayor proyecto de cooperación tecnológica internacional jamás emprendido en términos de duración, costos y cantidad de países participantes", explica John Logsdon, historiador del Museo Nacional del Aire y el Espacio en Washington.
Además de Estados Unidos, que financia la mayor parte del proyecto estimado en 100.000 millones de dólares, otras 15 naciones participan en la construcción de la estación orbital: Rusia, Japón, Canadá, Brasil y 11 países miembros de la Agencia Espacial Europea.
"Pienso que la estación es un primer peldaño en el camino hacia las actividades humanas de largo plazo en nuevas áreas de operaciones" espaciales, dijo Logsdon en una entrevista con la AFP. "No es un fin en sí mismo, sino una etapa en la exploración espacial tripulada", prosigue.
"Necesitamos acumular experiencia en vuelos espaciales de larga duración, su impacto fisiológico, y la mejor manera de hacerlo es en la estación", explica.
Además del hecho de que la ISS permite probar tecnologías para vivir en el aislamiento (como por ejemplo el desafío técnico de reciclar la orina para obtener agua potable), la estación espacial tiene por objeto estudiar las interacciones sociales entre los astronautas que viven en un lugar limitado durante largos meses, añade.
La destrucción del transbordador Columbia en 2003, que estalló cuando entraba a la atmósfera terrestre, retrasó el ensamblaje de la ISS por dos años.
No obstante, la estación "demostró que las asociaciones multinacionales también pueden funcionar cuando las cosas van mal", juzga el historiador, según quien la ISS constituye una suerte de marco de referencia para futuras cooperaciones internacionales.
"Las prolongadas estadías en la Luna y las de más largo plazo en Marte no podrán realizarse si no se cuenta con una organización financiada internacionalmente", explica Logsdon destacando las generalizadas dificultades presupuestarias.
El director de la NASA, Michael Griffin, expresó la misma idea en una entrevista a la AFP en ocasión del 50 aniversario de la agencia espacial estadounidense, el 1 de octubre.
Estados Unidos tiene los medios para financiar sus propias ambiciones espaciales, pero "éste no será el caso para la próxima generación", dijo.
"Pienso que Europa está completamente listo para dar el próximo paso en el espacio, que es volver con nosotros a la Luna", señaló Griffin, aunque advirtiendo que sin embargo el viejo continente no está preparado para "hacerlo solo".
Para Doug Millard, curador del departamento espacial del Museo de Ciencia de Londres, el laboratorio europeo Columbus (enviado y acoplado a la ISS en febrero), "aumentó notablemente las capacidades espaciales de Europa" en órbita.
El laboratorio japonés Kibo fue transportado y añadido a la ISS tres meses después.
"Pienso que las reacciones del cuerpo humano a la microgravedad es el principal valor añadido científico de la ISS", destaca Millard.
Por su parte, Alexandre Vorobiev, portavoz la agencia espacial rusa, califica la ISS como un "proyecto notable" y "uno de los factores que ayudó a Rusia a preservar su industria espacial".
La ISS tiene una tripulación permanente de tres astronautas que permanecen a bordo por períodos de varios meses. Está previsto que los tripulantes sean seis en 2009 gracias a los materiales y equipos transportados por el transbordador Endeavour, que está acoplado a la estación desde el domingo.
© 2008 AFP