TURÍN, Italia (AFP) Frente a la crisis que sacude el planeta, el movimiento gastronómico ecologista italiano Slow Food, que hasta este lunes celebra el séptimo Salón del Gusto de Turín (norte), aboga por dar marcha atrás en el crecimiento y volver a una economía más local y sostenible.
"Estamos cansados de esta política del crecimiento a todo precio y de estas finanzas deshonestas que han destruido los auténticos valores", declaró a la AFP el fundador y presidente de la organización, Carlo Petrini.
Según este último, "es criminal que los gobiernos hayan logrado encontrar dos billones de euros para los bancos mientras no hallan dinero para sacar a millones de personas del hambre".
"Esta sociedad consumista nos lleva al despilfarro; los ciudadanos han quedado reducidos a un papel de consumidores. Necesitamos dar marcha atrás al crecimiento", insistió Petrini, un sociólogo que ve la actual crisis como una oportunidad para lograr los objetivos por los que aboga.
"Actualmente, gracias a esta crisis, vamos a volver a poner de nuevo los pies en la tierra, a respetar la economía real", vaticinó.
Fundado en 1989 -y con un caracol como símbolo-, el movimiento Slow Food lucha contra la uniformidad de los gustos y quiere evitar la desaparición de las tradiciones gastronómicas locales.
En sus casi 20 años de vida ha logrado un gran éxito y actualmente cuenta con 100.000 miembros en 132 países.
En los pasillos del Salón del Gusto turinés y del festival 'Terra Madre', organizado conjuntamente y que agrupa a 8.000 agricultores y productores procedentes de todo el mundo, los productos regionales y las curiosidades más inesperadas se proponen al paladar de decenas de miles de visitantes.
Su lista es larga: cerdo negro de Bigorre (Pirineos, suroeste de Francia), uvas secas de Herat (Afganistán) o gallinas de huevos azules de Chile, entre otras rarezas del panorama gastronómico mundial.
Sin embargo, la buena mesa no es la única preocupación de los "militantes de la gastronomía" de Slow Food, como Petrini gusta definir a los seguidores de su movimiento.
"Slow Food es un medio de hacer política. La solución es volver a lo local, a lo concreto, a nuestros orígenes. La actual crisis no es palpable, la gente no entiende qué ha pasado", dijo Stefano Nocetti, un estudiante de la universidad de Ciencias Gastronómicas creada por Slow Food y con sedes en las regiones de Piamonte y Emilia-Romaña, ambas en el norte de Italia.
"Esta crisis es virtual, no es algo tangible. No creo que nos tocará, a nosotros, productores, porque no se puede dejar de comer", estimó por su parte Michele Cuscusa, un pastor de la isla de Cerdeña (en el Mediterráneo, al centro-oeste de Italia) que produce quesos de oveja biológicos.
Pero en el salón turinés también tienen cabida los pabellones de grandes cadenas de supermercados o grupos industriales tanto italianos como internacionales.
"Estamos en una fase de transición hacia una nueva forma de producción y ese pasaje también tiene momentos de contradicción", reconoció Petrini al subrayar la necesidad de "ser visionarios pero también pragmáticos".
© 2008 AFP