
Una startup australiana mostró un experimento que parece ciencia ficción. La empresa Cortical Labs presentó un dispositivo que utiliza neuronas humanas cultivadas en laboratorio para jugar videojuegos.
La demostración mostró el sistema biológico CL1 ejecutando el clásico videojuego Doom. En el video divulgado por la compañía, las células cerebrales procesaron información del juego y respondieron con acciones dentro del entorno digital.
El experimento generó interés en el sector tecnológico. También abrió debate sobre el futuro de la computación biológica.
Un computador construido con neuronas humanas
El dispositivo CL1 combina tejido cerebral humano con un chip de silicio. Los investigadores cultivaron neuronas sobre una matriz de electrodos que envía impulsos eléctricos y registra respuestas en tiempo real.
El sistema contiene cerca de 800.000 neuronas humanas. Estas células provienen de células madre reprogramadas a partir de muestras de piel y sangre de donantes adultos, según datos publicados por la revista IEEE Spectrum.
Durante la demostración con Doom, cerca de 200.000 neuronas recibieron información del videojuego convertida en señales eléctricas. Las células procesaron esos estímulos y generaron señales interpretadas como comandos dentro del juego, como mover al personaje o apuntar a enemigos.
La presentación ocurrió durante el Mobile World Congress 2025 en Barcelona.
Un avance basado en investigación previa
La demostración pública no apareció en un estudio revisado por pares. Sin embargo, la base científica tiene antecedentes.
En 2022, investigadores vinculados con la empresa publicaron un estudio en la revista Neuron. En esa investigación, cultivos neuronales similares aprendieron a jugar Pong en pocos minutos.
Los científicos observaron que las neuronas se reorganizaron de forma espontánea para mejorar su desempeño en el juego.
Ventaja energética frente a la inteligencia artificial
El proyecto surgió en medio del debate sobre el alto consumo energético de la inteligencia artificial.
El cerebro humano funciona con cerca de 20 watts de energía. Ese consumo es similar al de una lámpara de bajo consumo.
Según el científico jefe de Cortical Labs, Brett Kagan, un rack con 30 unidades del CL1 consume menos de 1 kilowatt en total.
La empresa no busca competir directamente con las GPU utilizadas en inteligencia artificial, como las fabricadas por Nvidia. El objetivo consiste en explorar áreas donde el aprendizaje adaptativo y la eficiencia energética resultan clave.
Entre esas aplicaciones figuran robótica, descubrimiento de medicamentos y modelado de enfermedades neurológicas.
La convergencia entre cerebro y máquina
El desarrollo ocurre en paralelo a proyectos que intentan conectar cerebros humanos con computadoras.
Uno de los ejemplos más conocidos es Neuralink, empresa que trabaja en implantes cerebrales para permitir comunicación directa con sistemas digitales.
La propuesta de Cortical Labs sigue un camino inverso. En lugar de conectar una persona a la máquina, integra tejido biológico dentro de un sistema informático.
Especialistas consideran que ambas líneas de investigación podrían converger en el futuro en interfaces híbridas entre inteligencia biológica y computación digital.
Acceso remoto a neuronas vivas
La empresa también presentó un modelo de negocio basado en acceso remoto a las neuronas cultivadas.
El dispositivo CL1 tiene un precio cercano a $35.000 por unidad. Sin embargo, investigadores pueden usar el sistema mediante un servicio llamado “wetware as a service”.
Este modelo permite utilizar cultivos neuronales vivos alojados en laboratorio por cerca de $300 por semana.
Entre los inversionistas de Cortical Labs aparece In-Q-Tel, fondo de capital de riesgo vinculado con la comunidad de inteligencia de Estados Unidos.
Debate ético en el horizonte
La compañía afirma que las culturas neuronales del sistema no presentan estructuras asociadas a la conciencia.
Aun así, investigadores señalan que el desarrollo de esta tecnología abre preguntas éticas y regulatorias. El uso de tejido humano en computación comercial aún carece de un marco jurídico claro en muchos países.
El debate sobre los límites de la computación biológica apenas inicia.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
