La noticia, más que sorprender a los vecinos, causó impresión.
Los residentes de la urbanización Los Contadores no salieron del asombro cuando conocieron, a través de los medios de comunicación, que su vecina Ángela Barrantes habría acabado con la vida de su amiga Lilliam Arias.
“Ellas eran amigas, tenían una buena relación”, dijo Merlin Herrera, vecina de ambas mujeres.
Incluso, Barrantes la visitaba en su casa casi a diario, pues la víctima padecía de diabetes e insuficiencia renal desde hace muchos años, agregó Herrera.
Si en algo coinciden los vecinos cuando hablan de la principal sospechosa de la muerte de Arias, es en que era una persona “muy servicial y atenta”.
Además, destacaron que siempre les ayudaba con cualquier consulta médica, pues Barrantes, de 63 años, era auxiliar de enfermería, ya pensionada.
Sin embargo, Hortensia Arguello, que vive a la par de la familia de la víctima, destacó que últimamente veía que Barrantes “no estaba muy bien”.
“Andaba como desquiciada”, comentó la mujer.
Este es un hecho que la vecina atribuyó a su larga carrera en el Hospital Psiquiátrico.
Ambas vecinas, Arguello y Herrera, señalaron que la sospechosa era una mujer que también había sufrido mucho, pues padecía de cáncer de mama y ahora le estaban realizando exámenes.
Familiares a la espera. Aunque fuera doloroso para la familia y los vecinos, sabían que a la vida de Lilliam Arias no le quedaba mucho.
Así, la recordaron como una persona “muy colaboradora, que, además, cocinaba muy bien”.
Tras una larga enfermedad, el pasado domingo ingresó en el Hospital San Juan de Dios.
La fase terminal en la que se encontraba hizo que su familia tuviera todo preparado para el momento de su deceso.
Según relató su vecina Merlin Herrera, ella manifestó que quería vestir de blanco para el momento en el que le llegara la hora.
Luego de conocer la noticia, los familiares, marido e hijas, se habrían dirigido a Los Guido –en Desamparados– a recoger el vestido blanco que Arias había pedido, relató Herrera.
El plan para después consistía en velar el cuerpo en el salón comunal de la urbanización.
Entretanto, antes de llegar al Hospital, Martín Vargas, esposo de Lilliam Arias, recibió una llamada de la principal sospechosa de la muerte de su mujer.
“Ángela le dijo que se apresuraran porque Lilliam estaba solita y que ella les iba a ayudar con los trámites para sacar el cuerpo”, constató Herrera.
“Parece un tema como de eutanasia”, concluyó la mujer.