
Cartago. Cinco médicos del Hospital Max Peralta salieron airosos de una acusación por la muerte de una paciente, en febrero del 2003.
Aunque el Tribunal de Juicio quedó con dudas sobre si los profesionales pudieron haber diagnosticado que Dinorah Martínez Redondo había sufrido una perforación del esófago durante un examen, los jueces concluyeron que los médicos actuaron de forma diligente.
Así lo hicieron saber al dictar la absolutoria en favor de José Pablo Cortés Navarrete (gastroenterólogo), Eduardo Trujillo Hering (cirujano), Wálter Vega Gómez (cirujano), Deborah Beauchamp (cirujana) y Maritza Salazar Cabalceta (radióloga).
Por la muerte de la paciente cartaginesa, la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) fue condenada al pago de ¢15 millones para el esposo y los dos hijos de la señora, así como ¢3 millones por gastos legales.
El doctor Cortés se mostró complacido por el fallo.
“Quedó claro que no hubo un descuido por parte de los médicos tratantes. A la paciente se le dio el tratamiento adecuado para la dolencia que presentaba.
“No hubo ni negligencia ni impericia. Esto (la sentencia) me quita un enorme peso de encima”, manifestó el galeno.
Razonamiento. De acuerdo con el presidente del Tribunal, Jorge Rojas, “nunca quedó establecido (en el Hospital) que Dinorah tuviera una perforación en el esófago.
“El Tribunal no encuentra que haya sido descuidado o negligente el abordaje de la paciente. La paciente fue visitada y observada por los médicos de forma constante.
“Se absuelve por duda y eso tiene que ver con el diagnóstico. Pareciera que los médicos manejaron (la dolencia) como una bronconeumonía y no porque pudiese existir la posibilidad de una perforación esofágica”, explicó Rojas.
De acuerdo con el Tribunal, los síntomas eran coincidentes en ambos escenarios: fiebre y dolencia lumbar, entre otros.
La Fiscalía acusó a los médicos de faltar al deber de cuidado al no someter a la señora –una vecina de Oreamuno, Cartago –a una intervención quirúrgica.
Empero, los jueces destacaron que detectar una perforación en el esófago es muy difícil y que su ubicación, en el caso de la víctima, hacía la lesión “un tanto invisible”.
Los médicos cartagineses sospechaban que hubo una ruptura, pero los esfuerzos para diagnosticarla no alcanzaron, según indicó el doctor Cortés.
El abogado Leonel Quintero, representante legal de la familia Guillén Martínez, se mostró en desacuerdo con el fallo, pues considera que el tratamiento que le suministraron a la paciente causó una desmejoría.
“En vez de evolucionar, involucionó”, sostuvo.