
Un testigo que se hallaba de visita en el módulo de Máxima de Seguridad de La Reforma cuando se produjo la toma de rehenes contó a
En la conversación esta persona describió ese momento como “las horas más trágicas que he pasado durante mi vida”.
Ojeras en su rostro, evidencias de cansancio y ojos llorosos reflejaron el sufrimiento vivido.
Comentó que todo empezó a las 2 p. m. de este miércoles cuando los portones de las celdas empezaron a cimbrar, un comportamiento poco común entre los reclusos de ese ámbito.
“Ese fue el inicio de un infierno donde los reos protagonizaron una lucha con los oficiales y entre ellos mismos”, narró.
Los delincuentes que intentaban escapar también querían retener a dos mujeres que se encontraban en visita conyugal; no obstante, la acción de los custodios y policías los hizo declinar.
En la acción, dos presos encapuchados rompieron las puertas de madera de las habitaciones destinadas a la visita conyugal, pero no pudieron tumbar una puerta de metal adicional.
“¡Esto es nuestro, esto es nuestro! ¡Somos 15! ”, gritaban los presos que organizaron el intento de fuga, según este visitante. La policía penitenciaria comenzó un operativo para evitar la fuga.
Eran como las 3 p. m.
“Esto lo veía por medio de las rejas que dan a las gradas de uno de los pabellones, todo el mundo gritaba y veía a los policías que corrían”, relató.
En medio del desorden algunos reclusos iniciaron una riña con puñales y hasta cuchillos de gran tamaño.
“No todos eran parte del escape, unos aprovecharon la ocasión para ajustar sus cuentas. Incluso hubo airados reclamos contra los que no se sumaron al motín”, contó.
Cuando los captores y sus rehenes salieron del ámbito, varias personas que no tenían relación con la fuga llegaron a un predio donde ya había un anillo policial, y se pusieron a salvo.
“Esto parecía una película estadounidense sobre fugas o una fábula. No sabía lo que ocurría, todo fue muy rápido, calculo que cinco o seis minutos”, añadió.
Esos minutos fueron una eternidad en medio de gritos, encapuchados, insultos y “confrontaciones por un cupo en la fuga”.
“El tiroteo empezó justo con la caída del sol, fue el momento más impactante y tenso, fueron dos ráfagas y todo quedó en silencio”.
La persona relató que en el momento del intercambio de balas cedió a los nervios y gritó.
“Escuchaba gritos, ¡muertos, muertos! Era terrible, esto parecía un sueño, alcanzaba a subir la mirada y veía todas las celdas abiertas y cosas destruidas”, narró.
El testigo aseguró que pasó la noche sin dormir debido a los momentos de terror y zozobra.