La Sala Segunda de la Corte avaló el despido sin responsabilidad patronal de un técnico en telecomunicaciones del ICE, quien utilizó un teléfono de esa institución para acosar a una compañera.
Aunque en su alegato de defensa el trabajador insistió en que no existía una relación de poder –eran compañeros de trabajo– , los magistrados advirtieron que el acoso sexual no se limita a jefes con subalternos.
“La Ley de Hostigamiento Sexual sanciona con mayor énfasis cuando se da esa circunstancia”, destacó la Sala en su resolución.
El fallo fue dado a conocer ayer por la oficina de prensa del Poder Judicial.
Al trabajador, cuya identidad omite la resolución, lo sancionaron en relación con llamadas que la víctima (una empleada del departamento de Mantenimiento Celular) recibió en julio del 2003.
La mujer denunció en esa ocasión haber recibido en su casillero dos mensajes de voz “hostiles, humillantes, ofensivos y de naturaleza sexual”.
Ante su superior, la trabajadora reportó que las llamadas eran similares a otras que recibió en diciembre del 2002, pero estas últimos no fue posible rastrearlas.
En el caso de las que tuvieron lugar el 28 de julio del 2003 a altas horas de la noche, los técnicos de la institución determinaron que salieron de un teléfono de tecnología TDMA asignado al trabajador sancionado.
Anónimos. Como parte de su estrategia de defensa, el trabajador alegó que las llamadas se llevaron a cabo fuera de horas laborales, que los mensajes eran indirectos y que no hubo pruebas de quién fue el autor.
La afectada, por su parte, está convencida de que el autor de las llamadas de julio es el mismo de las de diciembre del 2002.
“Trabajando en el ICE, fuera de horas laborales, en las noches del 2002 dejaron en el casillero de voz mensajes vulgares.
“Se nota que la persona me conocía porque me decía cómo andaba vestida ese día. En diciembre fueron dos mensajes, pero en julio del 2003 recibí dos llamadas más del mismo tono. Sé que era de la misma persona porque era la misma voz”, declaró la denunciante.
Una testigo, quien escuchó uno de los mensajes, contó al Tribunal de Trabajo (despacho que en primera instancia avaló el despido) que la descripción de la vestimenta les causó temor “porque la persona estaba cercana”.
“Le decía que le fascinaba como se veía en un pantalón que andaba, crema o blanco, no me acuerdo bien; hacía insinuaciones de carácter obsceno”, declaró.
La sorpresa fue mayor cuando al solicitar el listado de llamadas ingresadas a su celular, la trabajadora descubrió que provenían de un teléfono del ICE.
“Cuando yo tenía el control (el reporte de llamadas), se lo enseñé a mi jefe porque me pareció un abuso por el tipo de llamadas con el activo (el celular) del ICE y por ser de un compañero de trabajo”, declaró la ofendida. El empleado pretendía que lo reinstalaran y le pagaran salarios caídos.