
Sarapiquí. Alexánder Salamanca, sospechoso por la muerte de la pequeña Josebeth Retana, dijo ayer que al menos por un año tuvo una relación de amistad muy cercana con la familia de la menor.
Según el agricultor y albañil de 32 años, las visitas eran mutuas pues él y su esposa residían a tan solo 75 metros de la vivienda de Maribel Retana Rojas y José Daniel Mejía, madre y padrastro de la niña asesinada.
Con el pasar del tiempo, dijo Salamanca, él desarrolló un gran aprecio tanto por los padres como por Josebeth y sus hermanos.
"Ellos nunca me dieron razones para enemistarme, y yo jamás habría intentado matar a la niña", expresó ayer el sospechoso en su casa en Ticari de Sarapiquí, provincia de Heredia.
En esa comunidad, Josebeth Retana Rojas, de ocho años, fue localizada sin vida el 11 de setiembre dentro de un saco que tiraron a un río.
Desde el principio, Salamanca estuvo en la mira policial, pero el indicio que más lo compromete fue un vello que las autoridades encontraron sobre el cuerpo de la menor.
Precisamente sobre ese asunto, Salamanca se muestra muy reservado pues dice que así se lo aconsejó su abogado.
Maribel Retana, madre de la niña, confirma la relación amistosa de su familia con Alexánder Salamanca.
La mujer consideró incluso que su vecino era muy cariñoso con la menor y que en alguna ocasión se le acercó a pellizcarla como parte de un juego.
Según Retana, agentes judiciales le aseguran que antes de diciembre se tomarán acciones importantes en el caso.
En apuros. Aunque formalmente no se le ha abierto causa judicial, las pesquisas policiales que le siguen a Salamanca le han cambiado la vida.
Ayer se quejó de que nadie le da trabajo y vive de préstamos y lo que deja la venta de palmitos. El mes pasado solo fueron ¢5.000.
"Estoy urgido de trabajar; necesito comprarle ropa al niño que está por nacer", dijo en referencia al nacimiento de su primer hijo, previsto para enero.
También lamentó el abandono de amigos y la falta de respaldo del grupo cristiano al que acudía.
Esta situación lo ha motivado a caminar con precaución y a no salir por las noches, aunque dice que no lo han amenazado.